En San Pedro hay una torre llamada Sofía diseñada por César Pelli, que parece derramar riqueza desde el cerro del Chipinque hacia el valle.
En este municipio de Nuevo León, el ingreso mensual en el hogar de una familia típica de cuatro personas es de unos 400 mil pesos y eso es el promedio, lo que indica que entre sus 132 mil habitantes hay muchos que pueden estar por arriba de ese monto.
Su PIB per cápita de alrededor de 60 mil dólares se ubicaba muy por encima de los 10 mil dólares promedio de los mexicanos y alcanzaba ya entonces a zonas europeas, de acuerdo con reportes de Fitch, previos a la pandemia.
Si lo buscan en Google, encontrarán un departamento en venta en la torre Sofía, de 710 metros cuadrados por el que piden a cambio 4.2 millones de dólares, unos 84 millones de pesos, dependiendo el tipo de cambio.
Los habitantes de ese municipio están a punto de reelegir oficialmente a Miguel Treviño de Hoyos, un político sin partido, que este domingo muy probablemente venció al panista Mauricio Fernández Garza, heredero de una de las más grandes fortunas de Nuevo León y quien ya en otros años ocupó la presidencia municipal de la población en cuestión.
Treviño ya se declaró vencedor y hasta ayer le daban la razón contundentemente las estadísticas del PREP en la Comisión Electoral Estatal de Nuevo León. El registro oficial le concede 57 por ciento de los votos, a Fernández, 33 por ciento. El PRI y Morena con sus aliados, respectivamente, se dividieron entre todos apenas un 6 por ciento de las boletas.
¿Cómo un municipio mexicano pudo generar tal riqueza para su gente?
Entre muchos personajes que lo provocaron hay uno que destaca: Eugenio Garza Sada creó una escuela capaz de educar a los locales al nivel del MIT. Lo llamó Enseñanza e Investigación Superior AC y tuvo al principio solamente 350 alumnos.
Su enfoque no fue en filosofía, sino en el entrenamiento práctico para ayudar a forjar empresas locales en crecimiento.
Unos 50 años después de su fundación ya acumulaba décadas bajo el nombre de ITESM y fue de las pocas instituciones en el país que generó personas listas para enfrentar el embate de la apertura comercial de México cuando el país firmó el Tratado de Libre Comercio con sus vecinos del norte.
La competitividad se extendió a ciertas facultades de la UANL y a la UDEM, de donde también salían cada año trabajadores con las habilidades que demandaban empresas como Alfa o Vitro y otras menos conocidas, como Metalsa o Frisa, que se volcaron a la fabricación de autopartes y piezas para la industria aeronáutica norteamericana.
Con gente entrenada, Nuevo León recogió los frutos del TLCAN y los depositó en San Pedro, la ahora zona aspiracional para quienes en su vecino Monterrey consiguen fortuna suficiente para hacerse de un terreno a una tarifa que ronda 30 mil pesos por metro cuadrado.
Hoy que se libró de partidos en su alcaldía, San Pedro presume de ser principalmente femenino –casi 53 por ciento de sus habitantes son mujeres– y su población promedia 13.2 años de escolaridad, suficientes para llegar a la universidad, muy lejos del promedio nacional de 9.8 años que apenas alcanzan para superar la educación básica.
Pero no todo es salsa sobre machacado. Curiosamente, sus grandes empresas ya no parecen tan atractivas para los nuevos graduados a decir de habitantes sampetrinos.
Esos que llaman centennials o Gen Z, muchos de ellos bien capitalizados por sus padres, se volcaron en pos de la búsqueda de ‘unicornios’, ese ánimo por generar empresas que alcancen un valor de al menos mil millones de dólares, de las que México ya acumuló tres durante este 2021: Kavak, Bitso y GBM.
Diego Chapa busca el suyo por la vía de NetPay una plataforma que ofrece a los negocios la posibilidad de cobrar con tarjeta usando el smartphone, un terreno en el que compite con Clip, otra plataforma de soluciones para negocios. Aquí, Alberto Tovar contó su historia: https://bit.ly/3x2kP1I. San Pedro va de nuevo en búsqueda de la generación de riqueza.
La gente de ese municipio prefirió no tener ya en su gobierno partidos políticos. Es una señal que vale la pena estudiar en otras zonas de México.
El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero.
Consulta más columnas en nuestra versión impresa, la cual puedes desplegar dando clic aquí