Durante este siglo, los sexenios panistas se adornaron con fábricas en las que invirtieron las empresas. Durante el retorno del PRI, los bancos entraron en auge.
La llegada del presidente Andrés Manuel López Obrador al poder fue titulada como una ‘nueva era’ en la portada de EL FINANCIERO que dio a conocer su victoria electoral de 2018 y a la vuelta de tres años de gobierno la apuesta sexenal es visible: que Estados Unidos salve las remesas y las exportaciones de lo que ya está instalado y que regrese la actividad de Pemex y CFE a dar empleo a los mexicanos. La elección de ayer no cambiará el rumbo de lo más importante.
A cada gobierno corresponde un plan y una meta y lo justo es que AMLO y su gabinete desarrollen lo propio. ¿Es el camino correcto?
Los datos muestran una recuperación jalada efectivamente por los vecinos al norte.
Son las ventas al exterior y el dinero que mandan los paisanos los que entregan las mejores cifras. De ahí el dinero derrama al resto de los negocios y la economía.
Dará, de acuerdo con los más optimistas, para un crecimiento de 7 por ciento este año en la economía, que será el número más grande que haya visto cualquier mexicano vivo.
Incluso un indicador de 5 por ciento de aumento en el PIB en 2021 destacará por ubicarse encima de lo que presumió el gobierno de Enrique Peña Nieto durante cualquiera de sus seis años.
Para el cierre de este año probablemente se habrá olvidado la cifra de casi 9 por ciento que cayó el país en 2020 y habrán nuevas plazas laborales en comercios y en las fábricas. Supondrán muchos que la ruta está firme y que solo habrá que acelerar.
Pero estarán marginando a un grupo de 42 millones de personas que empezaron a hacer uso de razón a partir de este siglo, que no entienden a ciencia cierta el mundo de lo tangible.
El conocimiento les llegó vía pantalla, lo que solo fue subrayado por una pandemia atroz que en mayor o menor medida les desvinculó definitivamente del resto y de sus similares.
Es un grupo que quizá no comprenda bien a bien lo que es la ‘tele’, pero identifica definitivamente al Facebook o a Netflix.
Cayeron en un mundo en el que las fábricas necesitan más máquinas que personas y hasta los trenes y las refinerías pueden prescindir de muchos operadores.
Estos personajes llamados centennials o generación Z, complementarán a los bien conocidos millennial, una generación desfavorecida por una sociedad que les dejó poco. Poco trabajo de calidad y poco para planear una jubilación. Aquí pueden leer al respecto: https://bit.ly/3z3KHMu.
La mayoría de los que llegan conocen mejor todo un planeta virtual, que las calles de su colonia.
En ese nuevo mundo hay trabajo, tanto que durante el fin de semana, los líderes de las naciones más poderosas del mundo, agrupados en el G7, trabajaron arduamente en un proyecto para cerrar el camino de la elusión y la evasión fiscal a compañías que son mucho más ricas que las petroleras o las ferrocarrileras. Son empresas tecnológicas.
Los mexicanos más jóvenes comprenden lo que hace Google o Amazon; no es tan fácil hacerse una idea a lo que hace ExxonMobil en el Golfo de México.
Para ellos, Kavak, una empresa tecnológica nacida en México con un valor mayor a los 4 mil millones de dólares ofrece una nueva vida en el negocio de vender coches usados; Bitso, que supera los 2 mil millones, en la venta de criptomonedas; GBM, otro unicornio nacional, transacciones financieras en línea.
Los puestos que ofrecen pagan más que una maquiladora, pero su equipo requiere entrenamiento. Sus candidatos a plazas vacantes necesitan de políticos que quieran entender y ayudar a que esos puestos se multipliquen. Tal vez es en San Lázaro en donde ahora urge repartir pantallas.
El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de EL FINANCIERO.