Parteaguas

ExxonMobil ya se estaba pareciendo a Pemex

La empresa no ha reportado utilidades netas para un año completo desde 2012.

Se le metieron a la fuerza tres consejeros a ExxonMobil y ahora conforman una cuarta parte de la mesa que toma las decisiones. Vienen a corregir el rumbo y desde ese 26 de mayo, el valor de la compañía aumentó 5 por ciento en ocho días.

A la más icónica de las petroleras estadounidenses empiezan a corregirle el rumbo justo antes de que comenzara a tomar un destino parecido al de Pemex.

La gente de Exxon solía presumir que no necesitaban préstamos. Que la compañía autofinanciaba sus proyectos, incluso los más exóticos, como esas aventuras en ‘aguas profundas’ para extraer crudo a más de 2 mil 500 metros de profundidad o ‘tirante de agua’, perforando el suelo marino a donde la luz y el calor no llegan y cada pozo cuesta más de 50 millones de dólares.

En aquellos días de 2001, las deudas de la texana sumaban 10 mil 802 millones de dólares, de acuerdo con datos recopilados por Bloomberg. Ahora, 20 años después, se sextuplicaron y totalizan 63 mil 322 millones de dólares a pesar de que sus ventas no aumentaron con respecto a las del inicio de siglo.

El cambio fue significativo y parecía llevar a la compañía en un camino similar al de Pemex cuya deuda se multiplicó 11 veces y hoy supera los 117 mil millones de dólares. En lo que va de este sexenio y la nueva administración ya se elevó 15 por ciento. La empresa no ha reportado utilidades netas para un año completo desde 2012.

Las circunstancias se complican particularmente para las petroleras. Para su beneficio, este año el precio del petróleo sube ante la reticencia de los mayores productores del mundo –varios de ellos agremiados en la OPEP– a elevar su producción. La perspectiva de una mayor demanda de materias primas para producir plástico también eleva el valor del crudo.

Pero en sentido contrario, la principal razón para extraerlo recibe ataques todos los días: los países más desarrollados reducen su consumo de combustibles y pretenden que todas las empresas involucradas con ese negocio colaboren a reducir ese mercado.

Ayer, en el marco de una reunión cumbre de bancos centrales denominada Conferencia del Cisne Verde 2021, el premio nobel, Joseph Stigliz, comentó lo que comienza a convertirse en mantra: el precio de las emisiones aumenta y los activos que las generan se devalúan.

Dicho de otra manera, los gobiernos cobran cada vez más castigos a la contaminación y por esa razón las máquinas que la generan con mayor potencia, como las refinerías, se abaratan. Todo eso genera un coctel financiero peligroso.

Muchos buscan el modo de deshacerse de éstas

Consideren que mientras Pemex paga una refinería nueva en Tabasco por casi 9 mil millones de dólares, adquirió otra en Texas con un valor intrínseco de mil 200 millones, ante la urgencia de Shell por deshacerse de seis de estos complejos.

La que iba lenta en esa dinámica era Exxon. El mes pasado, The Carbon Tracker, una iniciativa que agrupa a especialistas financieros especializados en riesgos climáticos, colocó a esta empresa dirigida por Darren Woods al final de un listado de 10 grandes petroleras en un ranking que comparó sus metas de reducción de emisiones. La ubican al fondo por carecer de objetivos ambientales claros hacia 2030 y 2050. La italiana Eni va en primer lugar.

Pero la semana pasada, Engine Number 1, un fondo de inversionistas de reciente creación apoyado por el gigante Blackrock, ascendió en el consejo de administración de Exxon. ¿Su intención?

“La industria energética y el mundo están cambiando. Para proteger y mejorar el valor para los accionistas, creemos que ExxonMobil también debe cambiar. Creemos que para que ExxonMobil evite el destino de otras empresas estadounidenses que alguna vez fueron icónicas, debe posicionarse mejor para la creación de valor sostenible a largo plazo”, expuso el citado fondo en su sitio de internet. Van por inversiones sustentables en energía.

En Pemex la planeación en materia ambiental desapareció, si es que existió alguna vez.

La sustentabilidad del negocio se pone en duda en la medida en que sus emisiones de metano en pozos marinos asciende, de acuerdo con sus propios reportes.

En la medida en que la presión suba para las grandes petroleras, aumentará también su interés en pedir un suelo parejo que involucre a la mexicana en la reducción de emisiones o en el pago por las mismas. Hasta a la poderosa Exxon ya la movieron. Lo de Pemex es cuestión de tiempo.

El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero.

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