Rocío Nahle merece reconocimiento. En un país machista eligió además una profesión caracterizada por la abundancia de testosterona.
Rompió el techo de cristal que indebidamente separa a muchas mujeres de cargos directivos y luego de alcanzar puestos de liderazgo en Pemex se elevó hasta ocupar la silla más importante en la compañía, la de su presidencia, como secretaria de Energía. Todos esos méritos, empero, no le confieren la razón absoluta.
Ni Nahle, ni Arturo Herrera, secretario de Hacienda, habían administrado empresas relevantes y por supuesto no lo han hecho en la dimensión de la dueña de acciones en todas las empresas poderosas del mundo: Blackrock, a cargo de Larry Fink.
Los dos funcionarios mexicanos asumen que tener refinerías es de alto valor estratégico; la empresa más poderosa, tal vez del mundo, desde hace tiempo defiende un argumento que apunta en la dirección opuesta:
“Creemos que la opinión generalizada no solo es incorrecta, sino que ocurrirá lo contrario. La próxima reasignación de capital aún no está (reflejada) en los precios (de los activos): esta larga transición en preferencias y prácticas sustentables encarecerá algunos activos (los de alta sustentabilidad) y abaratará los otros (los de baja sustentabilidad). Esto significa que los activos con alta sustentabilidad serán recompensados durante el largo periodo de transición, contrario a lo que otros postulan”.
El texto titulado ‘Sustentabilidad: el cambio tectónico que transforma la inversión’ (https://bit.ly/34qYmit) fue publicado el 28 de febrero de 2020 por Blackrock, justo antes del inicio del confinamiento por la pandemia. Desde entonces, este gigante administrador de inversiones reacomoda su influencia hasta llegar a dimensiones como la de este miércoles.
Este 26 de mayo Blackrock apoyó el ascenso del pequeño fondo de inversionistas ambientalistas llamado Engine No. 1 a la mesa más importante de Exxon, la mayor petrolera estadounidense.
La empresa a cargo de Larry Fink es el segundo accionista más relevante en la compañía energética. Dado su peso, votó por dar tres asientos a la gente del novato Engine No. 1, con apenas seis meses de antigüedad, en una mesa de 12 personas que conforman el consejo de administración de Exxon, que toma las decisiones de la compañía petrolera.
La entrada de los ambientalistas al poder de esta petrolera supone cambios estratégicos hacia energías renovables en el corto plazo.
¿Por qué lo hace Blackrock? Dos razones son visibles: la actividad de las petroleras ya amenaza al resto de sus negocios. Tomen Bayer como ejemplo, en donde es la principal accionista. Esta empresa dueña de la vendedora de semillas Monsanto encara sequías distribuidas en el mundo que dificultan siembras y cosechas debido al cambio climático.
El año pasado, Blackrock publicó el estudio llamado ‘Aguas en problemas’ (https://bit.ly/3uvQl6u) en el que advirtió las consecuencias del estrés hídrico en el que cae el planeta rápidamente: “Los impactos podrían ser nefastos en el sector agrícola, con un vínculo directo entre la disponibilidad de agua para riego y el rendimiento de los cultivos”.
El documento lo firmó, entre otros, Philipp Hildebrand, vicepresidente de Blackrock, quien tiene una cita como orador para el próximo viernes con los bancos que imprimen el dinero en el mundo y que quieren empezar a cobrar a las empresas contaminantes los costos de destruir el planeta. Esa es una segunda razón que tiene la compañía para actuar, por ello estará presente en la Conferencia del Cisne Verde, del Banco de Pagos Internacionales organizado para la próxima semana.
Nahle y Herrera argumentan la necesidad de comprar refinerías para abastecer a México porque en el país hay muchos coches a gasolina. Si esa lógica se aplicase en las casas, en cada una debería haber una vaca para asegurar el suministro de leche.
Ambas decisiones tuvieron sentido en su momento, pero el avance de la industria abarató la compra de la leche y la de gasolina, un producto con una demanda estancada desde 2019, no solo por la llegada de autos eléctricos, sino principalmente por la presión a las empresas automotrices para que hagan coches más eficientes.
Lo que compra Pemex en Deer Park es el problema del que se liberará Shell. Lo veremos con el tiempo.
El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero.