Parteaguas

Importar gasolina... mientras quiera Hacienda

Pemex cada vez vende menos gasolina, pero la dependencia a cargo de Arturo Herrera cobró 44 mil millones de pesos de impuestos a gasolina y diésel durante los dos primeros meses del año.

La Secretaría de Hacienda depende de la gasolina importada.

Pemex cada vez vende menos gasolina, pero la dependencia a cargo de Arturo Herrera cobró 44 mil millones de pesos de impuestos a gasolina y diésel durante los dos primeros meses del año. No son los 53 mil millones que cobró un año antes, pero bueno, considerando que se atravesó la peor pandemia y el mayor rastro de muerte que ha visto esta generación de mexicanos, no hay que ponerse exquisitos.

Esos 44 mil millones de pesos los cobró Hacienda sí, gracias a los combustibles que vende la empresa que dirige Octavio Romero, pero no hay manera de completar la friolera si no llegaran al tanque del coche que ustedes manejan, esas toneladas de gasolina provenientes primordialmente del otro lado de la frontera norte.

Lo importado ya es más de la mitad de todo y sin contar el impacto energético, para sacarlo habría una de dos opciones: una es duplicar la tasa que paga cada automovilista para que ese ingreso del gobierno no caiga, pero eso encarecería más el combustible. La otra es perder la mitad de esos recursos.

Ahí está el candado que le queda a quienes invierten dinero privado en el negocio, pese a los cambios legales promovidos desde el Palacio Nacional.

El plan del presidente Andrés Manuel López Obrador es bien conocido: eliminar las exportaciones de crudo nacional y procesarlo todo en México para venderlo ahora solamente a los mexicanos, convertido en diésel, gasolina y turbosina, que serán líquidos de los cuales ya no se importe un litro más… algún día.

Para lograr su plan, su equipo de trabajo debe terminar la refinería que construye en Tabasco y reparar las otras seis que después del desastre de inversiones de la administración del sexenio de Enrique Peña Nieto, quedaron en calidad de chancla de matachín en 12 de diciembre.

López Obrador enfrenta una realidad: sus subordinados no alcanzan el nivel de eficiencia al que aspira y por una u otra razón, la conclusión de las obras prometidas no tiene fecha.

Solo quedan tres años de este sexenio para completar esa cruzada y a como vamos, los momios no están en favor del cierre de fronteras a los combustibles.

Las importaciones de gasolina estadounidense no bajan de los 400 mil barriles diarios, de acuerdo con la Agencia de Información Energética (EIA) (https://bit.ly/3gIUSiX) que registra lo que compran empresas privadas y la estatal.

Hagan cuentas rápidas. Solo Pemex reporta ventas por 521 mil barriles diarios. Si revisan las dos cifras anteriores entenderán la relevancia de lo que llega solamente de Estados Unidos.

Si el gobierno decidiera intempestivamente detener las importaciones de ese combustible, Hacienda no podría cobrar impuestos por la vía de un combustible que no llega al país y que por tanto, no se vende.

Esa lógica es la que resta como escudo protector a las empresas extranjeras que siguen operando y de acuerdo con lo que dice Carlos García, éstas seguirán apostando al país.

Él dirige Valero Energy Corporation en México, una compañía que tiene refinerías en Estados Unidos. Como no produce petróleo, se lo compra a Pemex y luego lo devuelve como gasolina a la empresa nacional.

¿Recuerdan la recurrente analogía presidencial? Él es quien compra naranjas y vende el jugo de regreso.

Francamente su corporativo no hace un buen negocio en estos días. Lo que reporta Valero al mercado de valores y a las autoridades de su país, es que perdió mil 421 millones de dólares durante el triste 2020 y otros 236 millones más en los primeros tres meses del año. ¿Por qué siguen ahí? Porque hubo años de ganancias.

En 2019, por ejemplo, sus accionistas se quedaron con 2 centavos de cada dólar que cobraron en la bomba, de acuerdo con sus reportes financieros.

Esta narrativa no gusta a quienes operan el gobierno hoy: el petrolero no es el negocio que ellos vieron en los setenta en los ochenta.

De hecho, Valero apuesta a México en buena medida porque el mercado estadounidense se achica cada año y aquí pueden ver los datos: https://bit.ly/3tYZOny. Coches más eficientes, vehículos eléctricos y el uso de Uber o sus competidores, reduce la demanda.

López Obrador es de los pocos gobernantes que siguen apostando a la gasolina. Quien la vende, evidentemente quiere entrar a una de las pocas fiestas que quedan.

El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero.


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