La más importante de las boletas que tacharán probablemente sea la que dejarán al último. Es la de diputado federal, ahí está la clave del México que tendrán ustedes, sus hijos o sus hermanos pequeños.
Sin ir a Google: ¿quién representa hoy a su colonia en la Cámara de Diputados? ¿Qué candidatos quieren ahora sentarse en esa curul?
Esta generación que votará el 6 de junio decidirá probablemente lo que ocurrirá con el país durante las próximas dos décadas, cuando llegue a las boletas de los citados representantes legislativos.
Es también una generación afortunada en cierto sentido, pues no parece haber mensajes a medias. Adiós simulaciones. Las opciones parecen reducidas a dos muy distantes y ambas significarán cambios a partir del año entrante.
Una pretende todo el poder, concentrarlo nuevamente en el presidente en un camino ya conocido por los mexicanos y otra, acaso, regresar a México a la mediocre situación de un crecimiento que al menos concede empleos de subsistencia.
No es visible aún, una tercera vía que abra para el país una ruta hacia el desarrollo y el final de la pobreza.
Para disgusto de muchos, Morena sacó a la luz a los ‘inexistentes’, a los ancianos para los que no hubo pensiones, a los jóvenes para los que no hay oportunidades de romper sus ciclos de pobreza familiar y a unos 30 millones de campesinos que terminaban cada sexenio tan pobres como lo comenzaron. México recordó que también tiene sur.
Florencio pudo terminar vendiendo chicles en la esquina de Emilio Castelar y Julio Verne, pero este regordete cincuentón de la selva baja maya cultiva a mano y bajo el sol, árboles de achiote y ramón que le dio el gobierno, que le promete también un comprador para sus cosechas, mientras, recibe casi 5 mil pesos mensuales que complementa con un salario miserable que le pagan por podar plantas en la plaza del pueblo. Adquirió una moto y puede llevar ahora herramientas a lugares lejanos cuando le cae una chamba de jardinero. Le compraron dignidad.
Los morenistas son hábiles en el discurso político y mejores en la estrategia social, pero eso no los faculta para saber de todo.
Parecen subirse ahora a la soberbia de sus antecesores. Voltearon el péndulo y el desdén ahora lo vierten sobre quienes sí han ganado batallas en la selva de la economía mundial.
Los empresarios han sido orillados al ridículo. El Consejo Coordinador Empresarial no encuentra su nueva identidad, ni vínculos con el presidente Andrés Manuel López Obrador, desde la salida de Alfonso Romo de la Oficina de la Presidencia.
La visión desde Palacio Nacional parece reduccionista: si eres empresario, eres un abusivo y muy probablemente corrupto individuo.
¿Quién defiende la narrativa del triunfo legítimo? El de la victoria de trabajadores y directivos y dueños de empresas en Querétaro, Guanajuato, Chihuahua, Coahuila, San Luis Potosí o Nuevo León, que hoy mantienen a flote las exportaciones nacionales y los ingresos en dólares por la vía de máquinas, electrónicos y coches que representan dos tercios de las ventas a extranjeros.
Su éxito costó dos décadas a México. Aquí he denunciado que ese avance no es suficiente, pero es mejor que el retroceso económico actual.
Es posible que el discurso de la oposición se base en algo cercano al sistema que hizo lo anterior posible. Pero esa narrativa ya perdió en 2018 y probablemente perderá en 2021.
Ustedes tendrán entre esas dos opciones. La del gobierno y la de la lógica económica.
¿Hay una tercera vía? Debería haber una que evite el monopolio del bienestar. Una que desbarate la distancia entre Polanco y la Pensil sin hundir la primera.
Puede conseguirse por la vía de la generación de riqueza para su repartición generalizada. Es con educación. Lo consiguieron naciones principalmente nórdicas, que hoy parecen inalcanzables en buena medida porque nadie ha dirigido el barco hacia allá.
Todo puede empezar por conocer a quienes estarán representados en esa última boleta y tachar al que después de un estudio, luzca como el sensato. Voten.
El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero.