Columnita Pibil

No me toquen el cortauñas

Desde las medias para mujeres hasta los bancos, el mundo ha experimentado una innovación que ahora se dejó venir en cascada.

Soy incapaz de cortarme las uñas con los dientes. Más allá de modales, no tengo la capacidad de hacerlo. Triste deficiencia para quien un milímetro de longitud más allá de la carne del dedo le produce una sensación intolerable al teclear en la computadora.

Tecleo mucho. Siempre tengo un cortauñas cerca.

Hay muchas cosas serias en qué pensar, pero en sábado de ola pandémica y olímpica, opté por concentrarme en el eficiente diseño de un cortauñas.

Si las primeras patentes datan del Siglo XIX, hablamos de un artefacto que sobrevivió, por ejemplo, la sustitución de la piel, la madera y hasta los metales, por el plástico. El cortauñas debe estar cerca de cumplir 150 años.

Ignoro cuántos años tenga el clavo, útil entre otras cosas para montar un cuadro en la pared, o el clip, que mantiene unidos los papeles que algunos todavía utilizan.

Quien tuvo el acierto de dar con tan minimalistas y funcionales ideas, seguramente disfrutó de riquezas o de reconocimiento público durante toda su vida. Nada sacó del mercado sus productos.

Para todo lo demás, o casi todo lo demás, existe... innovación que ahora se dejó venir en cascada.

El internet conectó las ideas de un chino con la de un habitante de la Isla de Pascua. Elon Musk se encargará de que para fines de este año, cualquier persona que pueda ver el cielo y pagar 99 dólares mensuales, pueda conectarse a esa piscina llena con nuestros flujos neuronales.

Tal conexión equivale a Florencia en la cúspide y en esteroides, de la convivencia de las personas de esa ciudad que reunió el mejor talento hace más de 500 años, brotó la genialidad que derivó en el descubrimiento de un nuevo mundo en América. Y todo lo que vino después, como ustedes, por ejemplo.

Los periodistas sabemos de sustitución. En lo que va de este siglo hemos visto cómo cambió el curso del dinero de publicidad hacia las arcas de Google y Facebook para los cuales terminamos trabajando todos, incluidos ustedes, en generar el contenido que solo hace el ciclo más fuerte. No sustituirán a los medios por razones que puedo explicar en otra columna, pero sí a un montón de intermediarios involucrados en la comercialización de espacios publicitarios.

Saben también de sustitutos los taxistas por Uber y los hoteleros por Airbnb. Al final, el nylon terminó sustituyendo la seda en la fabricación de medias para mujeres, que a su vez, mutaron en eso que llamamos “leggins”.

Hay un medio llamado Startup Ranking, lo encontrarán fácilmente. Pueden usar su smartphone para ello o para dar con Bitso, una aplicación mexicana útil para comprar “monedas” virtuales que también sustituyen a los bancos en el envío internacional de dinero, sin pagar comisiones.

En el citado ranking, Bitso está en el primer lugar de nuevas empresas de tecnología mexicanas o startups, vaya.

Debajo de ésta aparece Envía Flores, otra app que sustituye… bueno, pueden imaginarse a quiénes. Luego Kavak, que va por los lotes de coches usados y Kubo Financiero, que ya tomó un pedazo del mercado de las financieras que dan préstamos chiquitos a tasas altas.

Esa sustitución sólo acelerará y si no les ha llegado al negocio, está por tocarles la puerta.

Solo quienes se actualicen y piensen en cómo ganar o defenderse sobrevivirán en lo que hacen. No lo hicieron los líderes de Kodak o de Blockbuster. No todos tienen la suerte de crear un cortauñas, con esto todavía no pueden los smartphones y yo, al menos, no puedo incluir las uñas en mi dieta.

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