Columnita Pibil

¿Por qué hay tacos de a dos pesos?

No hay manera de conseguir algo de buena calidad por tan poco dinero.

Independientemente del lugar en el que cursaron la secundaria, todos pasaron al lado de un puesto de esos que vendían la orden en 10 pesos.

Es posible que ese dinero cubra el costo de la tortilla, la cebolla y el cilantro, pero se ve difícil que alcance para además pagar la carne y sacar ganancia para el taquero. ¿De qué están hechos?

Recuerdo todavía el posterior dolor de vísceras que provocaba el consumo de esas viandas que ofrecían afuera del Metro Revolución y que mi amigo Fernando llamaba tacos de “suaperro” a los que también él atacaba como muchos.

No hay manera de conseguir algo de buena calidad por tan poco dinero.

¿Tienen ahorros? Quienes quieren algo de rentabilidad obtendrán algo similar en sentido inverso.

Me entero de que algunos jubilados y otros despedidos durante la pandemia consideran invertir su patrimonio en “fondos” que ofrecen un rendimiento del 10 por ciento mensual. Valoremos, el Pagaré Banorte ofrece en el mejor de los casos el ocho por ciento… anual.

Un rendimiento que duplicará su capital en menos de un año emite un aroma a tacos… pero ojo. ¿Son tacos de a dos pesos? Puede ser la experiencia la que avala tal aseveración.

Busquen en Google el “Esquema Ponzi” o algo más reciente como la muerte de Bernie Madoff… ¿Quién fue él en vida? Eso les dará muchas señales. Si quieren algo nacional, rastreen lo que pasó con los fondos de Stanford. Todos fueron fraudes que empezaron con un: ¿Qué haces en el banco? Acá te doy 10 veces esos rendimientos.

¿Cómo opera el fraude? El promotor paga los “rendimientos” con el dinero de quienes entran al esquema.

El dinero que entra aportado por entusiasmados inversionistas paga los beneficios de sus mismos propietarios. De su patrimonio sale para sus “intereses”. Cuando muchos piden su capital, resulta que no hay de donde.

El sistema por eso resulta insostenible y el fraude queda revelado en el momento en el que alguien pide su capital.

No hay tal monto. Su dinero, sin saberlo el dueño, pudo ser usado para pagar sus beneficios y el de otros.

Así funcionó con Ponzi, con Madoff y al parecer con Stanford.

Mala tarde, los sueños de los mortales topan con la realidad de una ambición impía.

Mucho trabajo tiene Juan Pablo Graf Noriega , jefe de la CNBV.

La crisis de una pandemia desaparece vínculos y aparecen quienes obtienen una liquidación o una jubilación que les capitaliza temporalmente y buscan rendimientos.

El riesgo está en beneficios que cruzan el umbral del 20 por ciento anual. Ahí pueden perderlo todo.

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