Ecos de una recesión
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Ecos de una recesión

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Ecos de una recesión

04/02/2020
Actualización 04/02/2020 - 13:46

Llamémosle estancamiento o recesión técnica. El hecho es que la economía mexicana habría crecido muy cerca de cero por ciento el año pasado. Este nulo avance económico se compara desfavorablemente con el promedio de crecimiento del bloque emergente (cercano a 2.5 por ciento) del año pasado. Más aún, las cifras recientes no sugieren el inicio de una recuperación gradual en la actividad económica. Lo anterior también me lleva a refrendar mi proyección de crecimiento para 2020 inferior al uno por ciento (0.6 por ciento). Asumido lo anterior, me resulta relevante mencionar al menos cinco implicaciones.

Primero, el nulo avance económico de 2019 ya destaca como el inicio de gobierno con menor crecimiento desde 1995 ('Crisis del Tequila'). En la misma línea, de materializarse mi expectativa de crecimiento inferior al uno por ciento para el presente año, el avance bianual sería el más bajo en más de dos décadas y sus gobiernos. Lo anterior es relevante aún asumiendo que el mundo se ubicó en un sendero de crecimiento más bajo tras la crisis financiera de 2008-2009.

Segundo, en tal entorno de bajo crecimiento, por debajo del sendero potencial de avance económico de largo plazo, se refuerza la expectativa de mayores recortes en la tasa de política monetaria. Hasta ahora, y tras 100 puntos base de recortes, el Banco de México ha afirmado que tales recortes se han llevado a acabo en un contexto de bajo crecimiento, patrón a la baja en inflación y menores tasas de interés alrededor del mundo. En este marco, el espacio a inducir cada vez menores condiciones monetarias restrictivas continuaría siendo amplio.

Tercero, se refuerza la idea de que los ingresos públicos presupuestados para 2020 se encontrarían muy probablemente sobreestimados. Recordemos que fueron proyectados asumiendo un ritmo de avance económico del orden de dos por ciento. Así, de acuerdo a mis cálculos utilizando las elasticidades publicadas por la Secretaría de Hacienda, los ingresos estarían sobreestimados por casi 0.6 por ciento del PIB.

Lo anterior llevaría a la necesidad de utilizar de nueva cuenta fuentes de ingreso de carácter contingente (por ejemplo, los fondos de estabilización). Lo anterior con el fin de cumplir con la meta explícita de 0.7 por ciento de superávit primario para el presente año.

Cuarto, el bajo crecimiento seguiría alimentando los temores por parte de las principales calificadoras. Éstas han reiterado recientemente que factores tales como el 'subdesempeño económico' o la evidencia de declive en el crecimiento económico de mediano plazo podrían ser detonantes de una degradación en la calificación crediticia de México. Quizás una sola observación de crecimiento (2019) no bastaría para detonar un evento adverso de calificación, pero sin duda un nuevo año (2020) de bajo avance económico solo empeoraría al panorama.

Quinto y último, la cifra oportuna del crecimiento del PIB no está gravada en piedra. De hecho, históricamente han existido revisiones entre la estimación oportuna y la puntual. En el caso de un periodo de desaceleración no es de extrañarse observar revisiones a la baja en datos históricos recientes. Un potencial ajuste a la baja que pudiera ser observado a finales de febrero en las cifras finales solo reforzaría los comentarios anteriores.

De todo lo anterior destaco el alcance u ondas de choque de una cifra de desempeño económico y su relevancia no solo para el presente sino para potenciales eventos clave por materializarse en el futuro cercano. A lo anterior habría que sumar el balance de riesgos, el cual por el momento creo que continúa sesgado a la baja.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.