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Del estancamiento a la recesión en un paso

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Del estancamiento a la recesión en un paso

25/11/2019
Actualización 26/11/2019 - 11:29

Así nuestra realidad a partir de ayer a las seis de la mañana, cuando fueron publicadas las cifras revisadas del Producto Interno Bruto (PIB) del tercer trimestre del año. Ya en nuestra columna de la semana pasada habíamos establecido que el riesgo recesivo era muy alto y que esta realidad podría emerger tras una revisión de las cifras históricas. Ese fue el caso. Ahora resulta que lo que se sentía como un estancamiento es una recesión moderada que habría dado comienzo en el cuarto trimestre de 2018 y se habría prolongado al menos hasta el segundo trimestre de este año. Lo anterior es el caso si tomamos en cuenta la definición técnica de al menos dos trimestres consecutivos de variación trimestral negativa. Al considerar otras definiciones más generales, el periodo descrito podría no calificar como recesión. Sin embargo, presento aquí cuatro consideraciones importantes.

Primero, es cierto que lo arriba descrito podría no calificar como recesión si consideramos una definición como la del National Bureau of Economic Research: “un significativo declive de la actividad económica con carácter generalizado, que se extiende por varios meses, que es normalmente identificable en la dinámica del PIB; el ingreso real, el empleo, la industria y las ventas al mayoreo y menudeo”. No todas estas características se estarían cumpliendo. Sin embargo, basta la definición técnica, de uso generalizado, para caracterizar y situar a México en otro régimen, el de recesión. Los agentes económicos y los inversionistas sabrán de este cambio de etiqueta y entenderán que ya México se encuentra en otra categorización.

Segundo, la recesión en México luce moderada, casi indistinguible de un estancamiento. Aún más, al compararse con al menos las últimas tres recesiones (1995, 2001 y 2009), la actual recesión técnica básicamente no dibuja una caída ni cercanamente similar a esos otros episodios. Sin embargo, en términos relativos, México destacaría en estos momentos en el mundo emergente, como una economía básicamente en punto muerto (crecimiento acumulado de cerca de cero por ciento en los primeros tres trimestres del año), mientras que el promedio de otros países emergentes es de crecimiento moderado. Así, el comparativo relativo, también distinguiría a México y subrayaría el nuevo estatus económico local.

Tercero, considero importante subrayar las causas de la recesión técnica. Si bien se presenta en sincronía con la contracción de la industria manufacturera en EU, desde la segunda mitad del año pasado la dinámica de estancamiento y posterior contracción marginal no se justificaría con tan solo la influencia del exterior. Me resulta comprensible suponer que los factores locales han jugado también un elemento central en la desaceleración económica. Según las encuestas de analistas y de empresarios regionales (levantadas por Banxico), son la incertidumbre de política interna, los retos del Estado de derecho, la inseguridad y la violencia siguen siendo los “sospechosos comunes” respecto a lo que se encuentra restringiendo el crecimiento.

Cuarto, las cifras dan cuenta de una moderación en la caída de la actividad en el tercer trimestre hacia un ritmo de crecimiento de cero por ciento durante ese periodo. Las cifras publicadas de actividad económica mensual (IGAE) en septiembre sugerirían cierto repunte al cierre de ese tercer trimestre. Sin embargo, vuelvo a subrayar la alta probabilidad de que las cifras puedan ser revisadas, y por ende no cantaría victoria respecto al término de la ligera recesión en el tercer trimestre. Basta recordar que el promedio (y mediana) de las revisiones usuales es de 0.1 por ciento entre una cifra oportuna y una revisada, lo mismo para las revisiones a cifras históricas.

Considerando todo lo anterior, reitero mi estimado de crecimiento para este año de tan solo 0.1 por ciento y para el siguiente de 0.6 por ciento en un entorno de debilidad económica global. Adicional a un tímido repunte en las manufacturas de EU, condiciones monetarias aún restrictivas y un elevado escepticismo respecto a la posibilidad de que el reciente plan de apoyo a la actividad y el Presupuesto aprobado para 2020 puedan estimular sustancialmente la actividad económica futura.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.