Acabamos de ver el desenlace de la segunda vuelta de la elección presidencial en Brasil. Una alta tasa de rechazo por el incumbente terminó por definir la contienda por un muy reducido margen. La izquierda vuelve a Brasil, pero con un marco tal que el nuevo Gobierno se verá en la necesidad de migrar hacia el centro del espectro político. Lo anterior debido a que no gozará de mayoría en el Congreso y que la sociedad se encuentra altamente polarizada. En este marco, considero interesante comentar sobre el papel de los mercados como otro elemento que puede terminar por empujar la línea de un nuevo gobierno, en este caso del expresidente Lula, hacia una latitud media en el espectro de perfil político.
En primer término, partamos de uno de los principales determinantes de la inversión en portafolios, elemento clave para el financiamiento de la balanza de pagos: el riesgo crediticio. Dicha prima, a su vez, estaría condicionada por un marco amplio de determinantes legales, fiscales, regulatorios e institucionales a nivel local.
Asociado a lo anterior, el impacto al costo de financiamiento gubernamental es una de las expresiones directas del mercado respecto a la viabilidad fiscal de la economía en cuestión. Así, en la medida en que los grandes capitales identifican un mayor riesgo de no pago, dicho riesgo termina por traducirse en un mayor rendimiento demandado sobre los bonos gubernamentales, tan grande como para tratar de compensar por dicho riesgo. En este punto es donde un perfil fiscal inviable puede encontrar su primer gran obstáculo o contrapeso: el costo de financiamiento de la deuda requerida.
Asociado también a los flujos de capitales, encontramos las fluctuaciones de tipo de cambio. En este punto, los influjos resultan en general condicionantes directos de la apreciación del peso frente a las divisas externas. Si bien en una economía exportadora como la mexicana, la debilidad de la moneda local resulta ventajosa en términos de competitividad de los productos producidos nacionalmente; también tiene externalidades negativas tales como la traducción en presiones inflacionarias futuras (vía el encarecimiento de insumos o mercancías importadas).
Más aún, hay de depreciaciones a depreciaciones, y aquellas que se llevan a cabo en condiciones de desorden en los mercados son especialmente delicadas para la estabilidad financiera. De nueva cuenta, dicha estabilidad suele también reflejarse en las primas de riesgo y las tasas de interés.
En este contexto, no es coincidencia que muchos de los nuevos gobiernos en Latam, la mayoría con inclinaciones de izquierda y con animadversión explicita hacia los (neo)liberales de las administraciones pasadas, han optado por mantener intacto los pilares de estabilidad preestablecidos. Entre ellos, la libre flotación cambiaria, la ausencia de controles de capital, el libre comercio, la autonomía del banco central y la obsesión por la calificación crediticia, entre otros.
Así, los mercados suelen fungir como contrapeso y juegan un papel nada desestimable en las líneas de política interna y externa. Lo anterior no siempre es el caso, pero la mayoría opta implícitamente por hacerlo parte de los elementos a considerar.