La inflación anual ha mostrado una clara tendencia al alza en lo que va del año, esto ya todos lo sabemos. Lo que no sabemos con un nivel de certeza razonable es cuándo comenzará una tendencia descendente. En el caso del consenso de analistas, las encuestas más relevantes sugieren que la expectativa es de relajación en el ritmo de crecimiento de los precios al consumidor en algún punto entre septiembre y diciembre del año en curso. Lo anterior, al suponer que la inflación cerrará el año en 8.2 por ciento (encuesta Citibanamex). Es decir, 0.5 puntos porcentuales por debajo de la inflación registrada en agosto. ¿Es lo anterior factible? A continuación, cuatro referencias a considerar.
Primero. Resulta alentador el recordar que, desde el punto de vista aritmético, el acarreo estadístico es clave como elemento con potencial de coadyuvar a una eventual caída de la inflación. Es decir, no solo es clave el comportamiento futuro del índice de precios al consumidor, sino su referencia o base de comparación anual. En este sentido, el comparativo anual resulta ya favorable a una disminución. En específico, si el índice de precios quedara estancado en su último nivel mensual observado (agosto) de aquí al cierre del año, la inflación anual cerraría en un nivel cercano a 5.5 por ciento.
Segundo. El año ha sido todo menos típico para la inflación anual, la cual históricamente ha marcado un nivel promedio ligeramente superior a 4 por ciento desde que Banxico tiene como objetivo el 3 por ciento (año 2003). Tal referencia nos ayuda a hablar de un segundo ejercicio aritmético. ¿Qué pasaría si, a partir del dato de septiembre, el crecimiento mensual en precios al consumidor se comportara como un año promedio? Si tal fuera el caso, la inflación anual cerraría el año en un nivel cercano a 7.9 por ciento. Es cierto, el supuesto es quizás demasiado osado, pero nos sirve para ubicar ciertas referencias clave.
Tercero. Una proyección que tomara como principal supuesto la extensión de la tendencia reciente en el crecimiento de los precios al consumidor implicaría la ausencia de moderación en la inflación. La extrapolación de la misma inercia terminaría por ubicar a la inflación anual solo ligeramente por debajo de 9 por ciento. Es decir, no habría punto de quiebre en la tendencia de la inflación -por definición.
Cuarto. Es cierto, los supuestos analíticos arriba referidos podrían ser demasiado rígidos y arbitrarios, sobre todo al suponer implícitamente que las presiones en costos causantes de las actuales presiones inflacionarias siguen siendo las mismas. Lo anterior no es exacto, por el contrario, algunas de éstas han mostrado moderación. No obstante, es un buen punto para recordar otra gran característica de la inflación: su alta permanencia.
Las presiones en costos podrán haber comenzado a disminuir, pero su traslado a precios al consumidor no tiende a ser ni equivalente ni simultáneo. Lo primero nos recuerda que los precios al consumidor tienden a ajustarse al alza al incorporar mayores costos de producción, pero no tienden a bajar en la misma forma cuando los costos disminuyen -no linealidad-. En cuanto a la ausencia de simultaneidad, los precios al consumidor tienden a reflejar los menores costos productivos exhibiendo de cinco y siete meses de retraso y de forma gradual.
Así, creo que es muy probable que la inflación comience a descender en los próximos meses, solamente no apostaría que fuera de manera significativa antes de que termine el año.
Joel Virgen es economista del sector financiero con sede en Nueva York, EU. Sus opiniones son a título propio y no necesariamente representan las de alguna institución financiera internacional.