Entorno Económico

Escenario económico vs. sesgo cognitivo

La principal fuente de nerviosismo ante una eventual recesión en EU es la política monetaria de la Reserva Federal.

Quizás dos de las preguntas más frecuentes que me han hecho en las últimas semanas son las siguientes: ¿Habrá recesión en EU? y ¿Cuándo alcanzará su nivel máximo la inflación? Mi respuesta, a veces sorpresiva, es que posiblemente se estén sobrestimando los riesgos recesivos y subestimando los inflacionarios. En el caso del escenario recesivo, creo que se confía demasiado en un solo indicador con presumible poder predictivo. En cuanto a la perspectiva inflacionaria, opto por aceptar con humildad que es extremadamente complicado pronosticar la fecha del punto de giro en la inflación. Dicho lo anterior, más que defender mi postura, ofrezco una reflexión seria acerca de la forma en que percibimos la realidad y lo que significa para un escenario caracterizado por una recesión con un pico cercano en inflación.

Por una parte, percibo que la principal fuente de nerviosismo ante una eventual recesión en EU es la política monetaria de la Reserva Federal y, sobre todo, la pendiente negativa en la curva de rendimientos de los Bonos del Tesoro. Es decir, desde mi lectura, se da una importancia superlativa a la idea de que existe una recurrencia histórica: curva invertida es igual a recesión próxima. Curiosamente, tal aparente recurrencia ha producido falsos positivos en el pasado.

Me pregunto si no hay al menos cuatro sesgos en la forma en que se percibe la evidencia histórica y su relación con el escenario actual. En un primer caso, se encuentra el ‘efecto ancla’, aquel que se manifiesta en la forma de una confianza desmedida en la primera información disponible, en el presente caso, la idea de que la pendiente de la curva de rendimientos es un buen pronosticador del ciclo económico. A lo anterior, se le añade el sesgo de ‘disponibilidad heurística’, es decir, aquel que nos lleva a sobrestimar la probabilidad de eventos con alta disponibilidad de información, en este caso, todas aquellas veces en que una recesión ha efectivamente seguido a una curva invertida.

Añado a la anterior el ‘sesgo de confirmación’, el cual nos lleva a obviar toda aquella evidencia que no confirma nuestra conclusión predeterminada, es decir, todas aquellas veces en que la pendiente negativa de la curva referida no ha sido seguida por una recesión en EU. A lo anterior, se suman algunos indicadores económicos que han mostrado cierto deterioro reciente, lo que podría alimentar la ‘ilusión de validez’, aquella que sobrestima la habilidad de pronosticar acertadamente cuando los datos se adaptan a una historia más o menos coherente.

Por último, no dejemos de lado el ‘sesgo de pesimismo’, aquel que tiende a dar mayor importancia probabilística a los escenarios adversos o al advenimiento de resultados desalentadores.

Por otro lado, se encuentran los escenarios que ven cercano un pico en la inflación, independientemente de que se anticipe un descenso o no después de ese punto máximo. Dado que las fuentes de presiones al alza en precios, tanto pasadas como presentes, se encuentran todavía vigentes, me es relevante hacer una escala y reconocer otro tipo de posibles sesgos en juego.

Uno de los posibles sesgos es ‘la falacia del apostador’. Es decir, aquel que suele considerar que los escenarios futuros son modificados por elementos pasados. En el caso de la inflación vale la pena preguntarse qué tanto le apostamos al advenimiento de un pico cercano en la inflación solo por considerar que en el pasado solo se ha elevado una y otra vez, y que ya sería tiempo de una moderación.

En contraste con el escenario recesivo, valdría la pena plantearse si un ‘sesgo optimista’ se encuentra o no en juego, al anticipar que las presiones inflacionarias podrían encontrar un punto de quiebre próximo.

Por último, considerando a aquellos que le otorgan un peso importante al escenario recesivo y al próximo pico en la inflación, es importante recordar un último par de sesgos. El ‘sesgo de vagón’, aquel que nos lleva a adoptar un escenario en buena medida debido a que vemos o percibimos que otros lo adoptan. Lo anterior nos lleva al ‘sesgo de autoridad’, el cual podría actuar a través de la asignación de mayor relevancia a los escenarios planteados por figuras de reconocimiento o autoridad.

Confío en que, reconociendo todos estos sesgos en la forma en que percibimos la realidad, no caigamos en otro igualmente peligroso: ‘Efecto Dunning-Krueger’. Aquel que nos recuerda que, a veces, entre menos sabemos, más confiados nos llegamos a sentir respecto a una decisión o conclusión.

COLUMNAS ANTERIORES

Cisnes blancos
EU: La Fed y su opcionalidad

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.