Actualmente los riesgos recesivos parecen elevarse, siendo relevantes en diversas latitudes del globo. En las últimas semanas, la discusión sobre dichos riesgos ha subido de tono, especialmente en Estados Unidos, ante lo que se teme sea un esfuerzo monetario restrictivo mucho más agresivo que lo previamente internalizado por los mercados. No obstante, hasta ahora los riesgos recesivos son solo eso, riesgos. De hecho, casi sin excepción, gobiernos, corredurías y organismos multilaterales actualmente pronostican avances económicos tanto para el actual como para el siguiente año. No obstante, considero relevante identificar al menos tres supuestos clave detrás de este último escenario.
Primero, ya sea de manera explícita o implícita, los pronósticos económicos mundiales parecen suponer que el conflicto en Ucrania se mantendrá contenido, es decir, sin escalamiento. Creo razonable suponer lo anterior, de cara sobre todo a la amenaza nuclear planteada unilateralmente por Rusia pero temida por todos. Tradicionalmente, siempre se ha considerado que la mera existencia del potencial de destrucción total, hace inimaginablemente costoso y, por ende, poco probable, una tercera guerra mundial.
No obstante, no veo imposible un escalamiento en la forma de mayor tensión global –ante lo que podría ser un recrudecimiento en la retorica bélica y un largo conflicto-, que termine por traducirse en condiciones financieras adversas y todavía más altos precios de materias primas; ambos con el potencial de ejercer un daño significativo a las perspectivas de crecimiento económico global.
Segundo, y no muy lejos del punto anterior, se supone que las sanciones contra Rusia evitarían extenderse de lleno al sector energético. Sin embargo, valdría la pena preguntarse si en algún punto, y quizás en caso de radicalización en el conflicto entre Rusia y Ucrania, Europa optaría por dar ese paso. Lo anterior sin duda elevaría los riesgos recesivos en Europa, si no es que se materializarían en la forma de un escenario central de contracción económica en el mediano plazo.
Tercero, se toma como base el supuesto de que el impacto económico asociado a la pandemia seguirá en descenso o simplemente no será tan significativo como en la primera ola de contagios. Lo anterior parece ser un supuesto razonable. El cansancio social, adicional a los avances en el tratamiento y la vacunación, complementado por la reticencia gubernamental hacia políticas de astringencia en la movilidad social, hacen cada vez menos probable que una nueva ola de contagios se traduzca en impactos negativos sobre la actividad económica.
Empero, hay dos casos que vale la pena analizar. El supuesto planteado en este tercer apartado parece asumir implícitamente que no surgirá una nueva cepa de alta virulencia y agresividad o que la estrategia de ‘cero casos’ en China será abandonada. Creo razonable sugerir que no podemos desechar del todo la probabilidad de que lo anterior no sea el caso.
Hasta aquí solo tres ejemplos de supuestos que parecen anclar o apuntalar los actuales escenarios de crecimiento económico mundial y multianual. Así, como puede leerse, los escenarios actuales no lucen tan sólidos o inamovibles después de todo.