Entorno Económico

Alta inflación sin ganas de irse

Las cifras de inflación anual para la primera mitad de enero parecieron sugerir un respiro en las presiones inflacionarias vigentes durante buena parte del año pasado.

El día de ayer las cifras de inflación anual para la primera mitad de enero parecieron sugerir un respiro en las presiones inflacionarias vigentes durante buena parte del año pasado. Lo anterior al descender de un nivel de 7.3 a 7.1 por ciento entre la segunda quincena de diciembre y la primera de enero. No obstante, un vistazo no muy profundo nos vuelve a poner los pies sobre la tierra y nos sugiere moderar nuestro optimismo y anticipar que Banxico continuará ajustado las condiciones monetarias de tal forma que sean congruentes con la convergencia de la inflación en el horizonte de efectividad de la política monetaria.

Primero. Tomando en cuenta un ‘año típico’ (definido como aquel donde las variaciones en precios a tasa quincenal coinciden con la mediana histórica de los últimos diez años), la variación de 0.39 por ciento registrada en la primera mitad de enero se ubicó casi 0.15 puntos porcentuales por arriba de tal referencia histórica.

Segundo. Aislando el efecto estacional en precios (en reconocimiento de la existencia de un componente que replica cada año incrementos en precios similares y alrededor de las mismas fechas) y anualizando tal serie de datos -con el fin de poder hacer un análisis de comportamiento de la inflación sin efectos de acarreo estadístico o de base de comparación anual-, encontramos que las presiones en precios se incrementaron tanto en el componente subyacente (mercancías y servicios) como en el no subyacente (agropecuarios, energía y tarifas). En particular, en el primer caso la referencia repuntó de 5 a 7 por ciento entre la segunda mitad de diciembre de 2021 y la primera de enero de 2022. En tanto, en el segundo caso pasó de -20 por cientoa 14 por ciento para el mismo lapso.

Tercero. Continuando con el análisis de las series ajustadas por estacionalidad y anualizadas, puede apreciarse que aquellas originadas desde los componentes más estables de precios (subyacente) no dan muestras de relajación. Lo anterior es especialmente relevante dado que se trata del componente con mayor permanencia y objeto de un seguimiento más cercano por parte de la autoridad monetaria (Banxico). En tanto, en el caso del componente no subyacente, las presiones parecieron repuntar, con una contribución casi a partes iguales entre los precios de agropecuarios y la energía.

Cuarto. Es cierto que una “golondrina no hace verano” y sería un error extrapolar la evidencia marginal provista por el primer dato de inflación del año 2022 al resto del año. No obstante, creo razonable reiterar que una de las principales características de las presiones inflacionarias que nos aquejan ha sido su prolongada permanencia. Es decir, ya se han extendido más allá de lo que cualquiera habría anticipado. Más aún, lo anterior conlleva riesgos, entre ellos una mayor contaminación de expectativas de inflación de mediano plazo y de renegociaciones salariales, lo que podría contribuir a su vez con una mayor inercia inflacionaria.

Quinto. Le recuerdo al lector dos referencias que podrían ser relevantes en el seguimiento de la inflación durante el año. Dichas referencias surgen de un ejercicio meramente aritmético. Si las presiones inflacionarias extraordinarias desaparecieran súbitamente y el resto del año se comportara como un año ‘típico’, la inflación anual cerraría en cerca de 3.7 por ciento. Por el contrario, si las mismas presiones quincenales que se observaron en 2021 se observaran durante el presente, la inflación no descendería de los niveles de 7 por ciento.

Difícil apostar a la trayectoria que finalmente la inflación revelará durante el año. Lo que es más seguro es concluir que todavía quedarían ajustes al alza en la tasa de política monetaria. ¿En qué magnitud? Esto lo decidirá una Junta de Gobierno que, creo, se mantendrá volátil respecto a la opinión particular de sus miembros.

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