Entorno Económico

¿Tiempo de pensar en un nuevo objetivo de inflación?

Ante la coyuntura de las presiones inflacionarias, los bancos centrales no deberían permanecer inmóviles, comenta Joel Virgen.

Es comprensible y hasta deseable que, ante una complicada coyuntura de alta permanencia de presiones inflacionarias, ya sea provenientes del lado de la demanda o de la oferta; los bancos centrales no permanezcan inmóviles. Lo anterior parte del reconocimiento de la importancia tanto de uno de los principales determinantes de la formación de precios en una economía, como de uno de los principales mecanismos de transmisión de la política monetaria: las expectativas.

La cruel situación de la banca central actual se resume en el intento de mantener las expectativas de inflación lo mas estables posibles y congruentes con sus objetivos explícitos o implícitos de política; al tiempo que se cruzan los dedos con la esperanza de que el ajuste necesario en condiciones monetarias no descarrile la requerida recuperación económica. Lo anterior es especialmente complicado cuando se convierte en una carrera a obscuras -donde los choques que han venido generando las presiones al alza en precios no han terminado de reverberar.

El contexto actual en México importante. La inflación anual ya ha rebasado en noviembre el nivel de 7% y es muy factible que cierre el presente año en un nivel cercano a los 7.20-7.30%. Para el 2022, aún suponiendo ritmos de inflación mensual típicos (mediana de diez años), parece improbable que la inflación cierre en un nivel sensiblemente inferior a 4%.

Con este marco, viene al caso señalar que, a estas alturas, no solo las expectativas de inflación (consenso de encuestas) del año en curso se han visto alteradas al alza de manera continua hasta situarse en 7% (desde un nivel esperado de 3.6% al inicio del año) sino que las del 2022 ya se encuentran rondando el 4% (desde un estimado de 3.5%).

Por su parte, Banco de México estima que la interacción de los diversos condicionantes en la formación de precios y el efecto de su actual esfuerzo de ajuste en las condiciones monetarias, coadyuvarán a situar la inflación anual muy cerca de su convergencia al objetivo de 3% hacia finales del año 2022 y más claramente hacia 2023. Se antoja un objetivo difícil, pero no imposible. No obstante, vale la pena dar un paso atrás y revalorar tal meta, a la luz del elefante que vive en la sala desde hace 18 años.

Desde que Banxico tiene como objetivo el 3% de inflación (año 2003), la inflación no se ha convertido en un proceso que fluctúe alrededor de dicho nivel de objetivo. De hecho, la media histórica para esos 18 años se ha ubicado en 4.2%. Lo anterior podría sugerir que, teniendo como fondo al dilema entre el crecimiento económico y la inflación; Banxico ha optado históricamente por no llevar las condiciones monetarias al extremo de consolidar el objetivo de 3%. Otra alternativa podría ser que el ritmo de crecimiento de los precios tiene un piso estructural superior a lo que alguna vez se identificó y fijó como objetivo.

La anterior reflexión viene muy al caso en el actual contexto donde uno de los principales temores compartidos tanto por participantes en el mercado y los propios integrantes de la Junta de Gobierno de Banxico es que el esfuerzo monetario necesario para poner a raya a las expectativas de inflación de mediano y largo plazos y converger al objetivo del 3% pudiera terminar por descarrilar la recuperación económica en proceso.

Ante dicho dilema, aunado a la alta incertidumbre detrás de qué tan temporal resultarán las presentes presiones inflacionarias globales, estimo que muy pronto nos estaremos de nueva cuenta cuestionando acerca de la conveniencia de revisar los objetivos de inflación de largo plazo al alza.

Esta discusión no sería nueva. Recordemos que, en el contexto inmediato posterior a la Crisis Financiera Global del 2009, el mismo FMI llegó a promover la idea de ajustar a alza los objetivos de inflación con el fin de crear un espacio adicional de maniobra de política monetaria para futuros episodios complicados en temas de dilema monetario.

La ventana no se cerró y, sin embargo, no se ha aprovechado. Una de las razones podría ser que, al corregir el objetivo, las expectativas se corregirían al unísono. Lo anterior sería especialmente complicado para economías como la Mexicana, donde las expectativas de inflación de largo plazo se mantienen eternamente en un nivel superior al objetivo de Banxico, 3.50% -irónicamente evidenciando al menos 70 puntos base de voto de confianza a Banxico al considerar el promedio histórico mencionado (4.2%).

Joel Virgen es economista del sector financiero con sede en Nueva York, EUA. Sus opiniones son a título propio y no necesariamente representan las de alguna institución financiera internacional.

COLUMNAS ANTERIORES

Lo que sí sabemos de 2022 (parte 3)
Lo que sí sabemos de 2022 (parte 2)

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.