Entorno Económico

Velocímetro de recuperación económica

Las cifras no son alentadoras, el IGAE mostró una contracción de 1.6 por ciento a ritmo mensual.

¿Cómo vamos en la recuperación? Las cifras recientes han sido desalentadoras y la de agosto (publicada ayer) no fue la excepción. Dicha cifra del Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) mostró una contracción de 1.6 por ciento a ritmo mensual, la mayor variación negativa desde mayor de 2020 (-2.5 por ciento) -afectada todavía por la primera ola de contagios de Covid-19 y el primer esfuerzo de encierro productivo y social-. Pero, ¿cómo se compara la reciente dinámica de recuperación respecto a otros periodos posrecesión? La respuesta es justo en la que me enfoco en esta ocasión.

Es cierto que ‘una golondrina no hace verano’ y que un tropiezo de -1.6 por ciento en variación mensual en agosto no necesariamente tiene que ser extrapolado a la tendencia de los meses restantes del año. El tema es que la pérdida de ‘estamina’ en la recuperación se ha observado desde la primera mitad del año. En específico, tras un segundo bimestre (marzo-abril vs. enero-febrero) con un avance de 2.0 por ciento bimestral, en el tercero tal ritmo de recuperación descendió a 0.0 por ciento, dando paso a un cuarto bimestre en -1.2 por ciento.

Visto de otra forma, el ritmo de recuperación mensual ha pasado de una mediana de 0.2 por ciento en la primera mitad del año a una de -1.0 por ciento en el periodo julio-agosto. Esto no tiene un comparativo favorable en términos de ritmos históricos de recuperación posrecesión.

Tomemos en cuenta que, en orden de aceleración, los avances mensuales medianos posrecesión han sido de 0.5 por ciento, 0.4 por ciento, 0.3 por ciento y 0.2 por ciento en las recuperaciones pos-Covid (2020-2021), ‘crisis del tequila’ (1996-2000), cambio de milenio (2002-2007) y poscrisis financiera global (2010-2018), en ese orden. Así, las recientes cifras ya se despegan sensiblemente de las referencias históricas.

Resulta interesante comparar los ritmos de recuperación recientes con los de la segunda mitad de 2019 (año de estancamiento económico previo a la pandemia), con una mediana de variación mensual de -0.2 por ciento. Es aquí donde subyace mi principal preocupación.

En específico, me preocupa que el combo de circunstancias dadas por los choques de oferta vigentes y sus efectos directos sobre México e indirectos sobre la industria de EU terminen por ubicar a la economía mexicana en un sendero de crecimiento económico de largo plazo más pausado. A lo anterior podría añadirse la señalización política local que pone en juego la estructura de incentivos para la inversión privada.

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