Entorno Económico

Pronósticos 2021-2022: Más allá de un ‘mark to market’

El esfuerzo de diseño de escenarios o pronósticos económicos para el presente y el siguiente año no ha concluido.

Considero relevante llamar la atención a que el esfuerzo de diseño de escenarios o pronósticos económicos para el presente y el siguiente año no ha concluido. De hecho, mi punto es que, debido a varios factores, podríamos anticipar ajustes futuros, sobre todo sobre las proyecciones para 2022. Dichos ajustes podrían ya encontrarse en las ‘tuberías’ y podrían ver la luz muy pronto.

Los pronósticos económicos no son inamovibles. Todo lo contrario, tienden a ser cambiantes. Lo anterior es el caso no solo de aquellos relativos al año en curso, sino también a los del año siguiente. En este último caso, suelen ser más dinámicos durante la segunda mitad del año concurrente por varias razones.

Una de las razones de lo anterior puede englobarse en el principio de mark to market. Desde un enfoque de finanzas bursátiles o de portafolios de inversión, tal principio se refiere al contraste de un determinado portafolio con su valuación dados los valores actuales de mercado. Desde el punto de vista de las finanzas corporativas, el mark to market evalúa la situación financiera de una empresa basada en la situación actual de los mercados. En este espíritu, el principio también aplicaría para los pronósticos económicos, justo cuando los contrastamos con el devenir observado de la propia economía -idealmente pasados varios meses del año o periodo que se proyecta.

Tal mark to market podría tener implicaciones más significativas sobre las proyecciones económicas durante la segunda mitad del año por varias razones.

Los pronósticos suelen ser relativamente estables al comienzo del año, pero la presión por cambiar se agolpa hacia la segunda mitad. Sin duda, a los pronosticadores no nos gustan las modificaciones, sobre todo cuando el año apenas comienza y tenemos convicción sobre un escenario. No obstante, por más férreo que sea nuestro empeño en apoyar un escenario o defender una estrategia de inversión, la realidad no puede ser obviada y termina por ser un elemento clave de ajuste, sobre todo cuando falta poco tiempo para contrastar nuestros escenarios con las cifras económicas que realmente se observaron en el periodo pronosticado.

Adicionalmente, los factores estacionales cuentan. No solo me refiero al hecho de que importantes cifras económicas tienen un calendario de publicación conocido (por ejemplo, las cifras del Producto Interno Bruto). Me enfoco en la presión que sobre nuestros escenarios puede jugar la proximidad de alguna publicación o presentación periódica -sobre todo tratándose de actualizaciones trimestrales, semestrales o anuales.

Un buen ejemplo son las publicaciones o reportes trimestrales o anuales de importantes corredurías globales, organismos multilaterales y hasta bancos centrales y haciendas públicas. En tales casos, la convicción por defender un escenario en particular contrasta con el compromiso de presentar un escenario actualizado, idealmente balanceado en cuanto a riesgos a su alrededor.

También existe el interés en defender escenarios económicos desde una motivación estratégica. Un ejemplo podría ser cuando por decisión institucional o personal se opta por mantener escenarios fuera de consenso de manera deliberada por el periodo más extendido posible. El incentivo puede ser diverso, entre ellos ubicarse en medio de los reflectores del mercado. No obstante, la acumulación de evidencia a lo largo de la primera parte del año, suele poner presión sobre tales pronósticos y los puede obligar a claudicar -idealmente durante la segunda mitad del año.

Hasta aquí con algunos ejemplos de las razones por las que no apartaría la mirada de las proyecciones económicas sobre todo las que creo que ya se encuentran en las ‘tuberías’ y que estarían por ver la luz durante la segunda mitad de año -las cuales podrían no solo afectar el 2021 sino también el 2022.

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