La multa de 42.8 millones de pesos impuesta por la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno, encabezada por Raquel Buenrostro Sánchez, a la Federación Mexicana de Futbol (FMF), que preside Mikel Arriola Peñalosa, va mucho más allá de una sanción administrativa. Es un llamado de atención para todas las industrias que hoy recopilan datos biométricos de millones de mexicanos.

La resolución determinó que la FMF no informó adecuadamente que las fotografías utilizadas para el FAN ID constituían datos personales sensibles y tampoco obtuvo el consentimiento expreso que exige la ley para su tratamiento. La Federación podrá impugnar la resolución, pero el precedente ya quedó establecido.
En este caso específico, desde luego todos se han preguntado ¿qué beneficio tangible ha obtenido la sociedad a cambio de entregar su rostro? Después de varios años de operación del FAN ID, poco se conoce sobre cuántos aficionados han sido identificados, sancionados o impedidos de ingresar nuevamente a un estadio por participar en actos violentos. Si la privacidad se sacrifica, los resultados deberían ser medibles y transparentes.
La discusión cobra aún mayor relevancia porque México avanza hacia un esquema donde cada vez más trámites incorporan biométricos. El registro obligatorio de líneas telefónicas contempla también mecanismos de identificación del usuario, y diversos procesos gubernamentales y financieros ya utilizan reconocimiento facial o huellas dactilares.
Por ello, es cada vez más importante tener claro todos los procesos de recopilación de datos biométricos, quién controla su uso, durante cuánto tiempo se conservarán, con qué fines podrán compartirse y quién audita todo el proceso, y lo más importante, si queremos por alguna razón ser borrados de alguna de esas bases, como se puede hacer ese proceso de reversión, parece simple, pero la realidad es diferente.
Existen casos donde la biometría ha demostrado su utilidad. En India, el sistema Aadhaar permitió identificar de manera única a más de mil millones de personas y reducir fraudes en programas sociales y en la apertura de servicios financieros, algo muy lejano aún de aplicar en programas sociales en nuestro país.
Pero también existen ejemplos que obligan a la prudencia. En Australia, la empresa Clearview AI fue sancionada por recopilar millones de imágenes faciales sin autorización, para alimentar su plataforma de reconocimiento facial, evidenciando que incluso tecnologías muy avanzadas pueden vulnerar derechos fundamentales cuando no existen límites claros.
El sector financiero seguramente observa con atención este caso. Bancos, aseguradoras, casas de bolsa y Fintech utilizan biometría para abrir cuentas, autorizar créditos y prevenir fraudes. Sus sistemas pueden estar protegidos por empresas especializadas y altos estándares de ciberseguridad, pero la confianza del cliente depende de algo más profundo: saber exactamente quién utilizará esa información y para qué.
Porque el verdadero activo no es la base de datos, sino la confianza. Y esa, una vez perdida, cuesta mucho más que 42 millones de pesos recuperar. El caso de la FMF será ejemplo ante la larga lista de cambios en esa materia que se vienen: los biométricos de telefonía –¿son necesarios, para identificar al usuario de la línea, si ya se tienen identificaciones oficiales?–, la próxima base de datos de la banca, y la lista puede seguir. Es cierto, una gran cantidad de personas entregan sus datos a cualquier aplicación novedosa para hacer los “trends” del momento, pero en el caso de instituciones y autoridades su compromiso debe ser mínimo con la transparencia y cuidado de la información sensible de millones de usuarios. Ojalá sea el comienzo de mayor conciencia.
Porque hoy la multa fue para la FMF; mañana podría alcanzar a cualquier institución que trate biométricos y es un hecho que la tecnología avanza más rápido que las reglas, y ahí hay por eso, mucho trabajo por hacer.
Carreteras: la hora de ejecutar, no de prometer
En infraestructura no bastan los anuncios, esos que se han dado cada semana, ya que los kilómetros se miden en obras terminadas, presupuesto ejercido y tiempos cumplidos y los resultados a la vista.

Por eso, el eventual nombramiento de David Calderón como director general de Carreteras de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) merece atención.
La vacante permanecía abierta desde la salida de Carlos Arceo hacia CAPUFE, pero hoy el reto es mucho mayor que ocupar un escritorio. Quien llegue tendrá en sus manos uno de los programas insignia del gobierno de Claudia Sheinbaum y del secretario Jesús Antonio Esteva Medina: modernizar mil 763 kilómetros de carreteras con una inversión superior a 105 mil millones de pesos en los próximos cuatro años.
Calderón llega con un activo importante. Desde la dirección General de Conservación de Carreteras fue pieza clave en el programa Bachetón y en la compra de 20 trenes de pavimentación, proyectos que demostraron que la capacidad técnica debe ir acompañada de ingeniería financiera para acelerar resultados.
Y justo ahí estará la verdadera prueba y es que el nuevo esquema diseñado por la Secretaría de Hacienda, encabezado en esta estrategia por el subsecretario de Ingresos, Carlos Lerma, permitirá iniciar obras este mismo año mediante un Vehículo Diferido de Gasto y diferir su pago hasta 2029, algo que realmente urge para reactivar esta parte tan importante de la economía.
El mecanismo es innovador, pero también exigirá una ejecución impecable. En México sobran planes y presentaciones; lo que escasea son carreteras terminadas en tiempo y forma. Si la apuesta funciona, no sólo mejorará la conectividad y reducirá costos logísticos, también enviará una señal de que el Plan México puede pasar del discurso a los resultados, ahí comenzará la verdadera evaluación, por el bien de la economía, ojalá se logre.
La expansión de Dr Simi
En un país donde millones de personas siguen enfrentando barreras para acceder tanto al crédito formal como a servicios de salud de bajo costo, hay alianzas que llaman la atención por el impacto que pueden generar y en la que se logran unir sistema financiero y empresas en expansión.

Y es que hoy se concreta Stori, cofundada por Marlene Garayzar, y Farmacias Similares que lleva Víctor González, en unir ambas marcas a través de una tarjeta de crédito, en donde la apuesta es por unir dos necesidades básicas de las familias mexicanas: liquidez y salud.
La nueva tarjeta del Dr. Simi busca que el crédito deje de ser un privilegio y se convierta en una herramienta cotidiana, con beneficios tangibles como descuentos en medicamentos y compras dentro y fuera de la cadena. Si logra incorporar a más personas al sistema financiero sin fomentar el sobreendeudamiento, podría convertirse en un referente de inclusión financiera.
La apuesta es interesante porque entiende que, para millones de mexicanos, cuidar el bolsillo también significa poder cuidar la salud y con una marca que ya ha traspasado fronteras como el Dr Simi, que igual tiene museos, tiendas en las principales ciudades del país, o en Estados Unidos y que en la Copa del Mundo logró tener más presencia en redes que algunas marcas, la alianza puede ser un éxito. Ya veremos los resultados.
Combate al huachicol

El combate al huachicol fiscal es indispensable, pero también lo es evitar que la sospecha alcance a quienes cumplen la ley. Empresas como G500, encabezada por Guillermo Díez Barroso, director general; Shell, dirigida en México por Alberto de la Fuente; así como Energas, Energex y firmas regionales como Petrolíferos Lobo, por mencionar algunas, no hay que olvidar que invierten en trazabilidad, controles y cumplimiento fiscal para garantizar que cada molécula de combustible tenga origen y destino plenamente identificados.
Son compañías que generan empleos, pagan impuestos y sostienen una cadena de suministro formal. Si la ilegalidad termina por contaminar la percepción de todo el sector, el daño será para la inversión y la confianza. Castigar a los delincuentes sí; convertir en víctimas a las empresas que hacen bien las cosas, definitivamente no y ahí, hay que poner atención.
Por lo pronto, la moneda está en el aire.