Cuando se diseñan nuevas obligaciones para la población pocas veces se piensa en los efectos colaterales. Eso parece estar ocurriendo con el nuevo registro telefónico, que ya encendió las alertas en la banca mexicana.
Y es que la preocupación no es menor, a semanas de que se llegue a la fecha fatal y se desconecten las líneas de telefonía celular, que, por cierto, será también en pleno mundial, aquellos 91 millones de usuarios de banca móvil que no hayan registrado su celular, también tendrán que decir adiós al realizar operaciones por esa vía.

En ese tema, la Asociación de Bancos de México (ABM) que preside Emilio Romano, inició una campaña en sus redes sociales para advertir a sus millones de usuarios de banca móvil sobre las consecuencias que podrían enfrentar para acceder a sus aplicaciones bancarias si por alguna razón su línea telefónica es suspendida o cancelada.
Y en un país donde la banca móvil ya es el principal canal de operación financiera, el tema merece más atención de la que está recibiendo. Actualmente existen más de 91 millones de usuarios de banca móvil en México, una cifra que sigue creciendo año con año y que refleja la profunda digitalización del sistema financiero.
Además, el tener el banco en la mano, algo que durante años se enfocó la banca en fomentar para disminuir costos, y es algo en donde también los nuevos bancos han trabajado, crecer los clientes vía el celular, el riesgo no sólo es no tener acceso por esa vía a sus recursos, sino que en el caso de los que operan únicamente por canales digitales y sin sucursales, el problema podría ser mayor.
Claro, quedarse sin línea no significa quedarse sin banco. Los clientes podrán seguir utilizando la banca por Internet desde una computadora, acudir a sucursales o realizar operaciones en cajeros automáticos. Pero la realidad es que para millones de personas el celular se convirtió en la sucursal bancaria que llevan en el bolsillo.
La discusión no es sólo tecnológica, sino de inclusión financiera. Después de años de inversiones multimillonarias de los bancos para migrar operaciones al entorno digital, cualquier medida que pueda dejar temporalmente fuera a usuarios legítimos debe revisarse con lupa.
Porque una línea telefónica hoy ya no sirve únicamente para hacer llamadas. También es la llave de acceso al dinero, al ahorro y a buena parte de la vida financiera de los mexicanos. Y lo peor, que sucede en un momento en que, precisamente, la presidenta Claudia Sheinbaum busca impulsar el uso de medios digitales como CoDi y DiMo. Sin embargo, una eventual desconexión celular también podría generar que el efectivo siga ganando terreno.
La cuenta regresiva en esta materia comenzó: registrar o no la línea celular tendrá como consecuencia no tener acceso a su banca móvil. Desde luego, para el gobierno federal que quiere sí o sí tener el registro de quienes son los titulares de la línea que insisten, es “fundamental” para el combate al crimen, aunque desafortunadamente la credibilidad en esa materia no es su fuerte.
Y es que cuando una llave como la banca móvil deja de funcionar en los usuarios que no se hayan registrado su celular, el no tener acceso rápido y a la vista de tu dinero, como se ha estado acostumbrado desde hace años, puede convertirse en un problema mucho mayor de lo que parece.
Confianza de inversionistas
Mientras en México el debate público suele concentrarse en la coyuntura política, en Nueva York se llevó a cabo una conversación que vale la pena seguir de cerca. En el Metropolitan Club, inversionistas, banqueros y fondos especializados analizaron qué necesita México para aprovechar la próxima ola de inversión que busca nuevos destinos ante la reconfiguración geopolítica global.
Llamó la atención la reaparición pública de José Antonio González Anaya, quien mantiene una de las visiones más completas sobre finanzas públicas, energía e infraestructura, tras haber encabezado Hacienda, Pemex y el IMSS y desde luego en los últimos años en la iniciativa privada.

Su presencia en un foro organizado por Pérez-Llorca que tiene entre sus socios a José Ignacio Rivero e IE University confirma que los mercados internacionales siguen observando con interés el futuro económico mexicano.
El mensaje fue claro: México tiene una oportunidad histórica gracias al T-MEC y al nearshoring, pero el capital exige algo que nunca pasa de moda: certidumbre jurídica, infraestructura suficiente y reglas claras. Los inversionistas están listos para apostar; ahora toca demostrar que el país también lo está.
La pregunta ya no es si existe capital disponible para México, la pregunta es si México está preparado para aprovecharlo, ahora que más que nunca se requiere, ante una economía que no despega, por más planes que se diseñan en el Gobierno Federal.
Tecnología, nube y fútbol
Mientras el Mundial 2026 se acerca y México se prepara para recibir millones de visitantes, hay movimientos en el sector tecnológico y financiero que merecen atención. Uno de ellos es la reciente designación de Nono Card –una startup mexicana creada por dos jóvenes mexicanos–, que el gigante tecnológico de Meta ya reconoció como caso de éxito global por su integración y uso conversacional de la app de mensajería del Whatsapp y es que el sistema creado por Gustavo Gutiérrez Padilla y Oscar Vera Gutiérrez, permite a los usuarios gestionar su cuenta, verificar estados de cuenta y realizar pagos directamente en la aplicación de mensajería que millones usan diariamente.
Y nada mejor, que destacar esta información en la tercera edición del Broxel Google Cloud Invitational 2026, que más allá del torneo de golf, el encuentro reunió a más de 170 líderes empresariales, funcionarios y usuarios a discutir un tema central: cómo construir el futuro transaccional del país sobre plataformas de nube cada vez más robustas.

En la conversación participaron Gustavo Gutiérrez Galindo, de Broxel; Julio Velázquez, de Google Cloud México; Juan Pablo de Botton, secretario de Finanzas de la Ciudad de México, y Gonzalo Tercero, de vicepresidente en Visa. El mensaje fue claro: la colaboración entre gobierno, Fintech y empresas tecnológicas, será indispensable para la era que se vive actualmente en la economía que se digitaliza cada vez más, sumado desde luego en este mes que se espera un incremento en el volumen económico por la Copa del Mundo.
Es un hecho que la competencia en la industria financiera y tecnológica no tiene un día de descanso, y ahí es donde estos jugadores buscan seguir ganando un lugar.
Alianzas por el medio ambiente

Mientras en muchos foros se sigue hablando de sostenibilidad como una meta lejana, hay empresas que ya están tomando decisiones concretas. Esta semana, Aeroméxico, que dirige Andrés Conesa, y Grupo Bimbo, encabezado por Alejandro Rodríguez, dieron una señal clara de hacia dónde se mueve el sector corporativo: menos discursos y más acciones.
La alianza para impulsar el uso de Combustible Sostenible de Aviación (SAF) en los viajes de negocio no es un anuncio menor. Se trata de una de las primeras iniciativas de este tipo en América Latina y coloca sobre la mesa un tema que tarde o temprano alcanzará a todas las grandes compañías: la reducción real de emisiones.
El dato habla por sí solo. El SAF puede disminuir hasta 80 por ciento las emisiones de carbono frente a los combustibles tradicionales. Bimbo, que ya ha apostado por flotas eléctricas y modelos de movilidad sustentable, ahora lleva esa estrategia también a los cielos.
La sostenibilidad corporativa está dejando de ser una promesa para convertirse en una decisión de negocio. Y cuando dos gigantes mexicanos deciden volar en esa dirección, el mensaje para el mercado es claro: el futuro ya despegó.
Por lo pronto, la moneda está en el aire.