Sí, es cierto: ha habido avances importantes en las últimas décadas en temas de igualdad y equidad de género en México. El ejemplo más importante es que México tiene a Claudia Sheinbaum como la primera mujer presidenta, un gabinete con mujeres como Luz Elena González al frente de la Secretaría de Energía; a Ariadna Montiel en Bienestar, que ya es su segundo periodo en el cargo; a Alicia Bárcenas en Medio Ambiente y Recursos Naturales, por mencionar a algunas.


En Hacienda, como subsecretaria, apenas han sido dos mujeres las que han ocupado ese cargo. Actualmente Maricarmen Bonilla al frente y encargada de varias de las políticas públicas para que se impulse la equidad financiera, trabajo que llevan de la mano con el Banco de México que preside también una mujer, Victoria Rodríguez, acompañada en la Junta de Gobierno de mujeres que también han ocupado por primera vez puestos destacados en el ámbito financiero como Galia Borja, que también es integrante del banco central.

Y es que hay que decirlo, durante décadas, la historia económica de México se escribió casi exclusivamente en masculino y llegar a esos cargos, parecía misión imposible, algo muy lejano y no por falta de talento o capacidades, sino que simplemente el sistema seguía inercias.
Cada Día Internacional de la Mujer suele convertirse en un espacio para hablar de las desigualdades pendientes. Sin embargo, también es una oportunidad para observar un fenómeno que en México ha crecido de manera silenciosa, pero constante: el avance de las mujeres en el mundo de los negocios, las empresas y la toma de decisiones económicas.
Las cifras muestran un progreso real, aunque todavía muy incompleto. Hoy las mujeres representan el 46 por ciento de la fuerza laboral mexicana y más de la mitad de los egresados universitarios, pero no se logra llegar al 50 por ciento.
Y si volteamos a ver su posición en el sector corporativo, la presencia femenina disminuye: apenas alrededor del 37 por ciento de los puestos están ocupados por mujeres y sólo entre el 10 por ciento y el 12 por ciento de las direcciones generales de grandes empresas tienen liderazgo femenino.
En los consejos de administración de compañías que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), la participación ronda apenas el 14 por ciento.
Aun así, el atlas del poder económico femenino en nuestro país muestra figuras de enorme influencia, ya que son varias mujeres que han alcanzado estar por méritos en posiciones internacionales, un ejemplo es María Asunción Aramburuzabala, presidenta de Tresalia Capital, quien construyó una de las mayores fortunas del país tras la venta de Grupo Modelo a Anheuser-Busch inBev y hoy participa en inversiones tecnológicas, inmobiliarias y de capital privado, y esta alejada de los reflectores.
Otro ejemplo del peso económico es Eva Gonda Rivera, accionista clave de FEMSA, conglomerado que opera la cadena OXXO y es una de las embotelladoras de Coca-Cola más grandes del planeta. Su influencia demuestra cómo el liderazgo femenino también está presente en algunos de los mayores grupos empresariales de América Latina. Desde luego, Laura Díez Barroso, empresaria y presidenta de Grupo Santander México, Tania Ortiz, presidenta de Sempra, que ha estado presente también en Palacio Nacional.

Pero el liderazgo femenino no se limita a herencias empresariales. También existen ejecutivas que construyeron compañías de cero. Entre ellas destaca Blanca Treviño, fundadora y directora de Softtek, pionera del modelo de servicios tecnológicos desde México hacia Estados Unidos, décadas antes de que el concepto de nearshoring se volviera parte de la narrativa económica nacional.
A este grupo se suma una generación más joven de empresarias que combina industria, innovación y diálogo con el poder público. Un ejemplo es Altagracia Gómez Sierra, presidenta del consejo de administración de Grupo Minsa, quien ha ganado presencia en debates sobre política industrial, cadenas de suministro y relocalización de empresas y hay que reconocerle que es una voz joven, pero con amplio conocimiento empresarial.
El ecosistema emprendedor tampoco es ajeno a esta brecha. Aunque cada vez más mujeres fundan startups en sectores como Fintech, educación digital o comercio electrónico, estudios del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) señalan que menos del 5 por ciento del capital de riesgo en América Latina llega a empresas creadas exclusivamente por mujeres, lo que limita su crecimiento frente a proyectos liderados por hombres.
El poder económico femenino en México se estructura en cuatro grandes círculos: accionistas de grandes conglomerados, ejecutivas corporativas, fundadoras del ecosistema tecnológico y mujeres con influencia en la política económica.
Cada vez es mayor el talento femenino que se incorpora en todos los niveles de la actividad productiva; sin embargo, los cambios siguen ocurriendo en un inexplicable slow motion. Lo que falta es que la economía mexicana deje de avanzar con inercias del pasado y empiece a reconocer –con la velocidad que el país necesita– que las mujeres ya están moviendo el presente y su futuro.
Más crédito a mujeres, el pendiente
También en un área donde ha habido avances importantes es en el crédito, con el 51 por ciento de mujeres recibiendo una nómina a través de un banco se piensa en un avance importante, pero la realidad es que si se compara con los créditos que reciben, ahí la diferencia es importante, esto con datos del Banco de México (Banxico).
Y es que es un hecho, como bien lo ha documentado el banco central, actualmente con mujeres en diferentes áreas encargadas del análisis de los datos que tiene el organismo, las barreras para obtener crédito suelen ser mayores para las mujeres.
Por tanto, aquellas que logran franquearlas y obtienen financiamiento poseen características que las hacen cumplir mejor con sus obligaciones de crédito y, aunque sea un dato que algunas veces moleste, (a directivos financieros), en México las mujeres presentan menor morosidad que los hombres bajo condiciones de crédito similares. Los datos y estadísticas no mienten.

Por cierto, de los más de 50 bancos en activo, sólo hay una mujer dirigiendo a uno de ellos en México, Tamara Caballero, en Multiva.
Regresando a los datos del banco central, del último reporte del sistema financiero, se muestra que el efecto participación proviene del aumento en la participación de las mujeres: un mayor peso de las mujeres reduce la morosidad promedio de una cartera.
La participación de las mujeres aumentó en todas las carteras de crédito consideradas, lo que contribuyó a reducir la morosidad en los últimos años, en este sentido, destaca el crédito empresarial, donde la diferencia en el incumplimiento entre géneros es elevada y, además, hubo un mayor aumento en la participación femenina. En nómina, la participación también continuó aumentando. Asimismo, a diferencia del reporte anterior, en esta ocasión la mayor participación femenina también contribuyó a la reducción en la morosidad de las carteras de crédito personal y automotriz, aunque de manera más moderada.
Sin embargo, como reconocen las autoridades financieras, hace falta que esta diferencia en el pago puntual de los créditos por parte de las mujeres tenga un “premio” y aunque desde el 2021 hay una regulación que permite a los bancos hacer menos reserva si da créditos a mujeres a menores tasas, la realidad, es que nadie lo ha hecho, y es un gran pendiente que sigue.
Hablar de pendientes, necesario
Estos días las notas y eventos para visibilizar o bien destacar los temas de mujeres han dominado la agenda. Desde timbrazos en BIVA y la BMV, hasta estudios en donde se refuerza que las mujeres trabajan más que los hombres, la disparidad salarial, los avances logrados pero también los pendientes.

Pero el encuentro que cumplió 10 años fue el de ERG Balance de HSBC que organizó Lyssette Bravo directora de Comunicación para México y AL, que junto con todo el equipo del banco han impulsado de manera interna un avance de las mujeres, pero que también ha seguido de ejemplo a otras organizaciones, prueba de ello, es que lograron tener un panel de Mujeres y banca ¿existe la competencia? con Blanca Cecilia Muñoz Martínez, Chief Risk Officer en BBVA; Silvina Criado, Chief Financial Officer en Santander e Isabel Ganduglia, Chief Financial Officer de HSBC quienes coincidieron que hay que despejar caminos y cerrar brechas desde la toma de decisiones.

Y el dato, dado por Galia Borja, subgobernadora del Banxico y activa en estos temas, es que hay mejores resultados cuando hay más mujeres en los equipos, y aun así solo 26 por ciento de los puestos jerárquicos están ocupados por mujeres, el camino aún es lento.
Por lo pronto, la moneda está en el aire.