Moneda en el Aire

Salvemos Acapulco

‘Otis’ fue capaz durante horas de hacerse sentir con toda su fuerza como un terremoto, que aventaba y levantaba todo a su paso.

Sinceramente no sé cómo empezar este texto. Sé que esperan una columna financiera, pero no hay forma de dejar de lado lo que está sucediendo en mi puerto, el corazón me gana y si esperan algo objetivo hoy no será el caso, así que pueden pasar la hoja o cerrar el enlace.

Todos somos acapulqueños, lo sé, porque todos en algún momento conocieron por primera vez el mar ahí, porque han visto y recuerdan sus glorias pasadas, ahí en algún momento de su vida han tenido un bello recuerdo, apelo a cada uno de ustedes a que apoyen hoy a cada uno de mis paisanos.

Sé que habrá muchas cosas que criticar y juzgar, pero la evaluación y el castigo ya vendrá después.

Hoy el puerto esta devastado y nada de lo que vean se acerca a lo que vive la gente trabajadora y honesta que hay en Acapulco que son miles; hoy la prioridad es que si tienen un familiar o amigo, organicen y lleven directamente la ayuda, dado el tamaño de la tragedia las ayudas simplemente no fluyen a todos, cooperar y unirse es la única forma de que puedan sobrevivir estos días, sé que suena catastrófico y fatalista, pero lo es. Lo sé porque con mi familia y amigos lo vimos y seguimos viviendo cada día.

Viví el Paulina, me tocó estar ya en Ciudad de México con Ingrid y Manuel, pero ninguno de los tres ha hecho lo que Otis, destruir un puerto, la reconstrucción vendrá después, hacer un Acapulco más bello, resistente, seguro y regresarlo a su gloria, pero hoy es agua lo que se necesita.

Donar es una opción: hay fundaciones, bancos, empresas que reciben y multiplican si bien es un buen canal, seguro y confiable, pero también les diría para quienes tienen un amigo o un familiar apoyemos directamente, porque el desastre es tal, que esperar reconstruir un techo en una ciudad en donde ya esperamos otras lluvias no es opción.

¿Se imaginan vivir un terremoto durante horas? Así lo describen todos y cada uno de los familiares y amigos que me han llamado para contar el terror de esa noche, acostumbrados a los temblores, que sacuden y pasan en segundos, Otis fue capaz durante horas de hacerse sentir con toda su fuerza como un terremoto, que aventaba y levantaba todo a su paso.

Hoy, Otis transformó a todos los que viven, y ojo, muchos de los acapulqueños por la falta de luz y señal telefónica, aún no saben la destrucción que hay, solo lo que alcanzan a ver en las horas que caminan a un lugar para obtener señal, es cierto, poco a poco se recupera, pero la recuperación a diferencia de otros desastres naturales, será mucho más larga y dolorosa; el éxodo de miles han empezado, y ojo, no porque no quieran al puerto o no vayan a regresar, pero hay enfermos que requieren sus medicamentos refrigerados y no hay cómo hoy darles esa opción, ese es solo un ejemplo.

Hoy los chilpancingueños es otro ejemplo de solidaridad, están recibiendo a miles de acapulqueños en sus casas, tendiendo la mano, y es también ahí en donde autoridades y empresas deben tender algunas opciones; es urgente que el IMSS acepte y dé medicinas a sus pacientes del puerto; ampliar servicios bancarios y surtido en cajeros; mayor abastecimiento de alimentos en la capital para quienes tienen la fortuna de salir, una vez que hicieron horas para conseguir gasolina; en Acapulco hace falta todo, que nadie los engañe, que nadie los aleje de ayudar y donar, los necesitamos a todos.

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