Javier Murillo

Oriente vs. Occidente por la conquista de la Luna

La exploración lunar ha resurgido como un campo de competencia y colaboración internacional en el siglo XXI, evocando recuerdos de la carrera espacial del siglo pasado.

Neil deGrasse Tyson ha dicho: “Desde que hubo gente, ha habido exploradores, buscando lugares donde otros no habían estado antes”. “La exploración espacial atrae talento, pero las guerras pagan la cuenta”. Según el afamado científico, la nueva ‘guerra fría’ entre Oriente y Occidente está impulsando la nueva carrera espacial y en esta ocasión la estancia permanente en la Luna es la nueva frontera.

La exploración lunar ha resurgido como un campo de competencia y colaboración internacional en el siglo XXI, evocando recuerdos de la carrera espacial del siglo pasado. Esta vez, sin embargo, la carrera no se limita a dos superpotencias. La escena actual incluye a empresas privadas, lideradas por visionarios como Elon Musk y Jeff Bezos, y a potencias espaciales emergentes como Estados Unidos y China. La Luna, con su valor estratégico y potencial de recursos, se ha convertido en el objetivo principal de esta nueva era de exploración espacial.

SpaceX ha captado la atención mundial con sus ambiciosos planes para establecer una base lunar llamada Moonbase Alpha. Bajo la dirección de Elon Musk, SpaceX ha revolucionado el viaje espacial con cohetes reutilizables y ahora pretende establecer una presencia humana permanente en la Luna. La base lunar propuesta estará ubicada en el borde del cráter Shackleton, una zona perpetuamente iluminada por el Sol, esencial para la generación de energía solar, una fuente crucial para la base.

Mientras tanto, la Administración Nacional del Espacio de China (CNSA) ha desvelado sus propios planes para una base lunar, conocida como la Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS). Este proyecto, anunciado inicialmente en colaboración con Rusia en 2021, busca atraer a socios internacionales y ya cuenta con el apoyo de países como Venezuela, Pakistán y Sudáfrica. La CNSA planea comenzar con las misiones Chang’e-6 y Chang’e-7, y para 2028, tener un modelo básico de la estación.

Por otro lado, Estados Unidos y sus aliados tienen el Programa Artemis de la NASA, formalmente establecido en 2017, que tiene como objetivo establecer una presencia humana permanente en la Luna y preparar misiones tripuladas a Marte. Con la colaboración de agencias espaciales internacionales y empresas privadas, Artemis busca crear una infraestructura lunar sostenible, incluyendo la estación espacial lunar Gateway y el sistema de aterrizaje humano.

El plan de Artemis incluye misiones crecientes en complejidad, comenzando con Artemis I, un vuelo no tripulado de prueba del sistema de lanzamiento espacial (SLS) y la nave espacial Orion, seguido de Artemis II, la primera misión tripulada planificada para 2025. Artemis III, programada para 2026, será la primera misión tripulada estadounidense a la Luna desde 1972.

La creación de bases lunares sostenibles presenta numerosos desafíos técnicos y financieros. Establecer un entorno habitable en las condiciones extremas de la Luna requiere avances significativos en sistemas de soporte vital, producción de alimentos y protección contra la radiación. Además, los costos asociados son enormes y probablemente requerirán asociaciones entre entidades públicas y privadas, así como la cooperación internacional.

Desde una perspectiva estratégica, la Luna se perfila como un trampolín esencial para futuras misiones a Marte y más allá. Controlar un punto de apoyo en la Luna no solo tiene implicaciones científicas y tecnológicas, sino también geopolíticas. En este sentido, la colaboración y la competencia entre Oriente y Occidente, así como entre actores públicos y privados, definirán el futuro de la exploración espacial.

La exploración lunar actual es más que una carrera tecnológica; es un reflejo de las dinámicas globales de poder y cooperación. Mientras SpaceX y otras empresas privadas abren nuevas fronteras con su visión audaz y sus innovaciones tecnológicas, naciones como Estados Unidos y China están demostrando su capacidad para liderar grandes proyectos de colaboración internacional. En este emocionante capítulo de la historia humana, la Luna no es solo un objetivo de exploración, sino un pilar fundamental en nuestra odisea hacia las estrellas.

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