Según Johari, hay cosas que sabemos y los demás saben también, que es donde vivimos normalmente. Hay cosas que sabemos y los demás no saben, que es donde están nuestras ventajas competitivas. Luego están las cosas que los demás saben y nosotros no sabemos, que es donde están nuestros puntos ciegos, por lo tanto nuestras debilidades. Pero están las cosas que no sabemos y nadie más sabe, aquí es donde se encuentran las mayores oportunidades y por lo tanto, nuestras más grandes debilidades potenciales.
Ahora, pensemos que la ventana de Johari no solo aplica a individuos, sino también a grupos sociales, a países o grupos de países. Vayamos aún más lejos, pensemos que aplica a la humanidad, que las máquinas y su inteligencia artificial son los forasteros y fueran capaces de encontrar patrones que les permitan identificar lo que no sabemos como especie. Con esa información se podrían tomar decisiones y acciones que afectarían, en forma positiva o no, a toda la humanidad.
Precisamente así es como se va a usar la inteligencia artificial en un futuro no muy lejano. Pero no van a ser las máquinas las que exploten esa ventaja, serán los humanos quienes usen la inteligencia artificial para identificar los puntos ciegos, por ejemplo, de países rivales, de la competencia de mercado y a nivel individual, será usada para adelantar profesional o académicamente a otros individuos. La ventaja que nos dará la tecnología será cada vez más abrumadora, dividiendo en clases a los que tengan esa capacidad, de los que no la logren tener.
Todos conocemos la máxima que dice que quién no conoce la historia corre el riesgo de repetirla, sobre todo los errores. Aunque en el caso de los llamados “cisnes negros”, como se le conoce a eventos extraordinarios, son circunstancias que nos toman por sorpresa, ya que normalmente no se tiene un registro cercano que nos permita identificar escenarios previsibles. Un ejemplo de esto fue la pandemia del Covid,
Parecería que existen eventos que por más que se quieran predecir, se terminarán escapando de nuestra capacidad humana de anticipación. No así de la capacidad de predicción de las máquinas, al menos en teoría. Tendremos que confiar cada vez más en las máquinas para anticipar riesgos y oportunidades y esto solo lo podemos hacer buscando la forma de conocer las cosas que no vemos y nadie más ve.
Tenemos que confiar más en la información que nos proveen los datos.
Cada vez estamos más cerca como humanidad de tener un registro digital integral de nuestra existencia. Poniendo a un lado la protección de datos personales, que es un tema que se debe tomar en consideración, ya entramos en una etapa tecnológica en la que podemos alimentar a máquinas para que nos ayuden a identificar escenarios y calcular la probabilidad de que sucedan circunstancias que nos puedan afectar o beneficiar. Estamos en vías de contar con oráculos tecnológicos que sean más confiables que la experiencia humana.
Estamos transitando de la era de las tecnologías de la información a la de las tecnologías científicas. Evolucionando del análisis de los datos para identificar patrones y después resolverlos, a lidiar con los retos de negocio aplicando el método científico, en los que nos anticipamos, planteando hipótesis y diseñando experimentos que nos ayuden a descubrir modelos de solución replicables, que posteriormente se puedan programar como automatizaciones tecnológicas, que necesariamente tendrán impreso el sello de nuestra cultura empresarial.