Javier Murillo

La nueva era de las encuestas

Ya sea por un tema económico, político o metodológico, es un hecho que viene una nueva era para las casas encuestadoras y lo más probable es que gane la que mejor se adapte.

En las dos últimas semanas hemos vivido en México el momento culmen de las encuestas. Tanto Morena y sus aliados, como el Frente Amplio por México, eligieron las encuestas como método para designar a sus abanderados a la presidencia de México en el 2024. Más allá del reto logístico y político que esto representa, lo que está en tela de juicio es la representatividad del instrumento.

Es natural que las casas de campaña contraten sus propias casas encuestadoras para dar seguimiento constante al lugar que ocupan sus candidatos y la diferencia porcentual contra sus competidores. Por otro lado, también es normal que los medios de comunicación contraten o realicen sus propias mediciones con el fin de informar a la opinión pública ávida de conocer el estado de los procesos electorales.

El problema surge cuando los resultados de dichas encuestas dejan de ser herramientas de información y se convierten en piezas de propaganda electoral, esto propicia lo que se conoce como “la guerra de las encuestas”.

Es un hecho que tanto las casas encuestadoras como los medios de comunicación que realizan dicha labor como parte de su oferta editorial, son empresas que basan su existencia en sus clientes. Es aquí donde la ética y la independencia de dichas empresas juegan un papel clave.

Las casas encuestadoras son tan confiables como su último resultado. Sin importar la trayectoria y reputación de dichas empresas, siempre se encuentran en el paredón, con un pelotón de fusilamiento listo para disparar en el caso de que los resultados no convengan a sus intereses. Dicho por los mismos dueños, las mediciones no son infalibles, siempre habrá factores que puedan sesgar un resultado electoral.

No es que los dueños de las casas encuestadoras no se hayan dado cuenta de la problemática de su industria, incluso varios de ellos lo han expresado en forma pública. Por mi trabajo he tenido la oportunidad de entrevistarme con varios de ellos y he podido entender de primera mano algunos de los factores que interfieren en la desviación de los resultados.

A raíz de que llegó Internet, principalmente desde hace más de 10 años que los medios digitales y principalmente las redes sociales llegaron al escenario, la ciudadanía se encuentra constantemente bombardeada por miles de piezas de información en un solo día. Esta sobreexposición genera un exceso de información o desinformación que impacta en sus decisiones diarias.

Esta sobrecarga de información también ha “vacunado” a la opinión pública generando desconfianza. Los ciudadanos se han entrenado a contestar preguntas con base en lo que piensan que les conviene y no con base en lo que creen. Ellos mismos sesgan su respuesta en forma deliberada, y lo hacen en relación con quién les hace la pregunta. Esto pone en un predicamento a los que levantan la información, que afecta tanto a los que van de casa en casa, como a los que hacen encuestas telefónicas.

La desconfianza también se relaciona con la obtención y el uso de datos personales. El miedo de los ciudadanos a que se haga mal uso de su información no solo se refiere a la usurpación de su identidad, por ejemplo, los individuos también tienen miedo a que se les retiren apoyos de programas sociales o que se tomen represalias de algún tipo en su contra si es que no responden como piensan que conviene al que levanta la información, así es que se van por la “respuesta fácil”.

La inseguridad en el país también ha causado que se pierda acceso a los posibles encuestados, es sabido que hay cada vez más zonas en el país que son inaccesibles a los encuestadores presenciales o telefónicos. Así como se da este fenómeno en zonas marginadas, también se da en zonas de altos niveles socioeconómicos, la inseguridad ha propiciado que cada vez haya más filtros de seguridad para encuestar a una señora de San Pedro Garza García, como ejemplo.

Ya sea por un tema económico, político o metodológico, es un hecho que viene una nueva era para las casas encuestadoras y como siempre pasa en estos casos, lo más probable es que gane el que mejor se sepa adaptar y sea capaz de recuperar la confianza de todos los actores.

Javier Murillo es director general de Metrics.

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