Hace 35 años se conectó a internet la primera computadora en México. La computadora MicroVAX-II, de la marca DEC (Digital Equipment Corporation), con sede en el ITESM (Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey), se conectó exitosamente en forma directa con la UT San Antonio (University of Texas at San Antonio), usando el protocolo de conexión TCP/IP, mediante la dirección 131.178.1.1, que fue el primer nombre de servidor de la historia y es considerada como la primera dirección de dominios del sufijo ‘.mx’, que hoy es tan común.
Este evento, sucedido el 15 de junio de 1987, abriría la puerta al internet en México, que hoy tiene más de 90.5 millones de personas conectadas a la red de redes, con un potencial de 116 millones de mexicanos que podrían estar conectados a internet, según cifras del Inegi a 2020. Esto quiere decir que a 35 años de la primera conexión, todavía hay más de 25 millones de mexicanos que deberían estar conectados a internet, no lo están y en consecuencia son marginados digitales.
Es un hecho que, gracias a los desafíos de adopción digital, sobre todo entre la población en pobreza extrema y las generaciones de adultos mayores, será muy difícil llegar a 100 por ciento de personas conectadas a internet en el corto plazo. Llegar a niveles de penetración más competitivos nos tomará un tiempo, para que tanto el crecimiento económico como el cambio generacional propicien mejores condiciones de interconexión y la prevalencia de los nativos digitales.
Lo que no podemos olvidar es que LA NO CONEXIÓN O LA DESCONSIDERACIÓN son formas de discriminación. Solo veamos la dificultad que presentan los adultos mayores cuando intentan manejar su cuenta de banco con una aplicación desde un celular. No vayamos tan lejos, si a veces se le complica responder mensajes de WhatsApp a conocidos, amigos o familiares, imaginen realizar transacciones financieras digitalmente, más cuando se supone que lo hagan sin ayuda de nadie.
No por nada, este grupo es el más vulnerable en lo que se refiere a fraudes cibernéticos ejecutados socialmente, esto quiere decir que se realizan con estafadores del otro lado del teléfono o el correo electrónico. Son generaciones que crecieron confiando en la palabra, en épocas donde el ‘barrio’ se tenía que sacar en la calle y no como ahora, que también se tiene que sacar por teléfono o por correo electrónico.