Javier Murillo

Web3

La idea de esta nueva propuesta es que los usuarios no seamos simplemente productos o beneficiarios de modelos de negocio comerciales impulsados por la tecnología.

¿Se acuerdan de la llamada Web 2.0? Después de la era del dot com y antes de las redes sociales se popularizó este concepto, que inició después de que la burbuja de internet explotara a principios de las década del 2000 y hasta aproximadamente 2008. Básicamente fue la época en la que aprendimos a usar internet e inició la digitalización de la humanidad.

Pues ya se habla de la llamada Web3, que se refiere a un nuevo enfoque fundamental de la era en la que vivimos hoy en día. La idea de esta nueva propuesta es que los usuarios no seamos simplemente productos o beneficiarios de modelos de negocio comerciales impulsados por la tecnología, como hoy lo somos, sino que tengamos la capacidad de construir nuestras propiedades y activos digitales personalmente únicos.

No es casualidad que esta Web3 aparezca justo después de que estamos dejando atrás lo más duro de la pandemia del COVID-19. De hecho, he hablado varias veces de la transformación digital y el impacto que esto causó en la humanidad. La adopción digital generalizada fue uno de los efectos secundarios de la crisis sanitaria que vivimos en el mundo.

Al igual que otras crisis pasadas, tanto culturales, económicas o guerras, la recuperación posterior a la pandemia va a requerir que reformulemos las normas institucionales e internacionales. Justo en mi columna de la semana pasada trataba el tema de la ética tecnológica, que es uno de los asunto importantes a revisar, aunque existen muchos otros que tendremos que atender.

El reto al que nos enfrentamos es muy importante y depende de nuestra generación poner las reglas que prevalecerán al menos los próximos 10 años. Tenemos la responsabilidad de atender los desafíos actuales, pero sobre todo plantearnos los escenarios futuros que surgirán con una internet abierta y en la que cada usuario será capaz de crear su propio mundo a su entera disposición y satisfacción.

Una de las herramientas, sin duda, será el metaverso. Los expertos creen que este mundo distópico llegará a representar la próxima gran plataforma informática que transformará la experiencia de los usuarios y los modelos comerciales en todas las industrias, incluyendo la descentralización monetaria.

De la misma manera sucederá con las relaciones personales. Si creíamos que habíamos visto todo con las redes sociales, solo esperen a ver los escenarios que viviremos en el metaverso.

Por otro lado, el metaverso representa una de las oportunidades económicas de la historia de la humanidad: nos da la posibilidad de ‘valorizar’ el contenido digital, creando un marco de propiedad digital para los usuarios, el cual antes no existía, lo que va en concordancia con la idea central de la Web3: quitar poder a las corporaciones y regresárselo a los individuos. Es eso o sumergirnos más en la era de control corporativo.

COLUMNAS ANTERIORES

Con el uso viene el abuso y con el abuso, el ilícito
¿Google creó el primer robot con conciencia?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.