Javier Murillo

¿Le falta una tuerca a RoboCop?

Esas máquinas tienen aún distintos tornillos por ser ajustados para que en verdad funcionen.

Lo que vimos durante décadas en cintas de ciencia ficción, en cuanto a la tarea de protección y seguridad pública a cargo de robots, aunque lentamente, se vuelve cada día una realidad más concreta. En esa materia, hay sin duda avances relevantes que reconocer, aunque también esas máquinas tienen aún distintos tornillos por ser ajustados para que en verdad funcionen.

Uno de los ejemplos más llamativos hace no mucho para la prensa estadounidense, y también con eco internacional, fue el lanzamiento en 2019 de RoboCop, por parte de la policía de Huntington Park, California.

Sus creadores, como usted puede darse cuenta, no tuvieron que quebrarse mucho la cabeza para bautizar su invento. Recurrieron al clásico homónimo de Hollywood, de Paul Verhoeven, Edward Neumeier y Michael Miner.

Y aunque la apariencia de ese nuevo agente robotizado no se asemeja a los humanoides que hemos visto ya en muchas películas, el robot policía se presentó con una gran expectativa, y se presumió una gran efectividad dadas muchas de las características con las que se creó. Una gran habilidad para detectar actividad criminal y amplia movilidad para patrullar grandes espacios eran algunas de sus cartas más destacadas.

Muchos medios recogieron, sin embargo, su primera experiencia al enfrentar directamente un caso donde cualquier policía humano habría fácilmente controlado la situación. Un caos y un fracaso en general fueron los calificativos que se dieron al RoboCop de Huntington Park.

Solicitado en medio de una urgencia por un testigo de un pleito, el robot no supo cómo reaccionar; simplemente le pidió a la persona que se quitara. Tampoco pudo conectarse con el departamento de Policía, pues sus jefes no incluyeron esa función; sólo tenía conectividad con el equipo de ingenieros que lo creó.

No es el primer caso de fracaso en seguridad robotizada. La policía de Nueva York informó en abril pasado que no usaría más perros robóticos, luego de protestas por su despliegue.

El departamento de Policía de la Gran Manzana anunció que había terminado ya su contrato con la firma Boston Dynamics para los famosos Digidogs.

Su aspecto agresivo, la amenaza que parecían representar, especialmente en zonas de gente pobre, y las críticas por lo que algunos consideraban una militarización de las calles terminaron por rescindir un contrato que estaría vigente hasta agosto de este año, por 94 mil dólares.

No obstante, hay otros ejemplos más esperanzadores en el uso de robots en trabajos de seguridad. Negociaciones con delincuentes, desactivación de bombas, ingreso a sitios potencialmente peligrosos, donde armas o explosivos pueden poner en riesgo la vida de los uniformados, son algunas muestras de que los robocops, vueltos hoy una realidad, ya han demostrado su valía y la conveniencia de su utilización.

Como pasa en otras áreas donde la robótica, la inteligencia artificial y avanzados programas computacionales auxilian y simplifican las tareas que los humanos hacen, no debe olvidarse que siempre son éstos los encargados de la programación, desarrollo, uso y resultados que toda esa tecnología ofrece.

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