Javier Murillo

Los jóvenes y el derecho a olvidar

Eventos vergonzosos del pasado podrían perseguirnos por siempre. ¿Será que en la era digital en verdad queremos enfrentarnos con él día con día?

El pasado puede generar entre las personas cierto tipo de nostalgia, pero ¿será que en la era digital en verdad queremos enfrentarnos con él día con día? Esa es una de las interrogantes que la investigadora Kate Eichhorn se plantea en su más reciente libro, El fin del olvido.

Eichhorn es la presidenta de estudios de cultura y medios en la Nueva Universidad de Nueva York, y tiene una vasta experiencia en el análisis sobre la relación entre los medios sociales y la vida de las nuevas generaciones, con quienes, incluso, ha trabajado en diferentes proyectos y programas.

En El fin del olvido, la especialista aborda el problema que enfrentan las generaciones actuales debido a la ‘huella digital’ que están generando, incluso desde antes de su nacimiento, en internet y más comúnmente en las redes sociales como Facebook, Instagram, Twitter, entre otras.

A manera de contraste, recuerda a las generaciones del siglo anterior que aún pudieron elegir los recuerdos que querían conservar, ya sea a través de un álbum de fotos, recortes de periódico, objetos físicos, etcétera, y la imposibilidad de tener ese control en este presente digital, en donde cualquiera puede disponer de nuestros momentos siempre y cuando tenga un dispositivo, una conexión a internet y una cuenta en cualquier red social.

Adolescentes y preadolescentes entrevistados por Eichhorn admiten poner en línea más de 300 fotos al día que, por la propia naturaleza de las redes están disponibles a más público del que de forma inicial estaban dirigidas, pero, ¿cómo gestionar tal cantidad de información si ni siquiera hay conciencia sobre ella?, y si controlamos lo que se difunde, ¿cómo impacta esto en su desarrollo?

Así, el material que sobre cada uno circula en internet no está bajo control, no se puede recuperar y romper. Esto significa que eventos vergonzosos o traumáticos podrían perseguirnos por siempre, sin posibilidad alguna de sobreponernos a ellos o dejarlos en el olvido; aparecerán un día cualquiera con solo hacer una consulta en el buscador.

Esta situación, advierte Eichhorn, afecta de sobremanera a los más jóvenes quienes son más propensos a documentar en la red no solo su día a día, sino el de aquellas personas con las que conviven tanto en el ámbito familiar como en el escolar y social, puesto que podrían enfrentarse a una reputación o imagen pública que los lastima.

Son menores cuyos padres, de forma unilateral, han hecho públicos aspectos de su infancia que quizá aquellos habrían preferido mantener en privado, y que, sin embargo, podrían irrumpir en el presente en el momento menos oportuno, como lo sería una entrevista de trabajo, una postulación académica, a un cargo público o en una relación personal.

En El fin del olvido, Eichhorn nos lleva a una profunda reflexión sobre el uso de las redes sociales, los problemas que ya generan en la vida de niños y adolescentes, respecto a la delgada línea entre lo público y privado y al impacto que esta situación ya tiene en millones de vidas.

El autor es fundador y presidente del Consejo de Metrics.

COLUMNAS ANTERIORES

La encrucijada del reclutamiento y selección de talento
La guerra de los drones

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.