En defensa de Bolsonaro
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En defensa de Bolsonaro

23/09/2019

Es impresionante el nivel de hipocresía en muchas personas (sobre todo de países desarrollados) cuando se discute el tema de la protección al medio ambiente. Esta hipocresía se ve acentuada por la prensa de estos países, haciéndole eco constantemente. Me explico. Hace unas semanas hubo una embestida sobre el presidente Bolsonaro de Brasil (en el contexto de la reunión de los países del G7), por el tema de las quemas de árboles en el Amazonas brasileña. Se llegó al grado de decir que el Amazonas no pertenecía a Brasil, sino que, a la humanidad, esto porque se dice que allí se encuentra el pulmón del mundo. Lo que no se dice es que Brasil tiene una de las emisiones más bajas en el mundo de dióxido de carbono per cápita. Según datos de la Agencia Internacional de Energía, compilada por The Union of Concerned Scientists al 2016, sus emisiones son de 2.0 toneladas métricas de CO2 por habitante. Si comparamos estas con las emisiones per cápita de los países desarrollados queda en evidencia “la gran hipocresía”.

Veamos: Estados Unidos reporta una emisión de 15.53 de toneladas métricas de CO2 por habitante, Canadá 15.0, Australia 16.2, Corea del Sur 11.6, Rusia 9.9, Alemania 8.9, China 6.4, Inglaterra 5.6, Francia 4.5. La lista es larga. Queda claro que hay muchas cosas que se pueden hacer para bajar las emisiones que están causando el cambio climático antes que el mundo tome “posesión” del Amazonas brasileño. Aquí van algunas. En lugar de estar lamentándose que Trump, Bolsonaro y otros políticos no reaccionan, los empresarios y la población podríamos tomar acción inmediata sin tener que estar esperando los largos y engorrosos procesos burocráticos y legales a nivel nacional e internacional.

Por ejemplo, todas las empresas productoras de automóviles, GM, Ford, Chrysler, Mercedes, Audi, BMW, Jaguar, Toyota, Honda, Renault, Fiat, etcétera, podrían decidir entre ellas mismas no producir automóviles de más de cuatro cilindros, mientras llega el cambio a automóviles eléctricos. Y si las empresas no quieren 'cooperar', entonces podrían tomar el liderazgo los consumidores: que nadie demande coches de más de cuatro cilindros. ¿Otra medida? Que no se produzcan aviones privados y que las aerolíneas cancelen los viajes en primera y business en los aviones (que según el Banco Mundial sextuplica la huella de carbono por pasajero) y que desaparezcan los vuelos de menos de 1000 km. Para sustituirlos promover ferrocarriles rápidos como ya se hace en muchos países, China incluido.

¿Una más? Reducir el consumo de carne. Estas medidas, entre muchas otras, disminuirían las emisiones en forma importante. Y en cuanto a Brasil, aquí les va una idea. Que ponga a la venta millones de árboles, cortados o parados. Y que los países, empresas y personas preocupados por el cambio climático, puedan adquirir estos árboles parados (es decir que continúen en la selva) una especie de adopción. Brasil entonces podría rentarles el espacio en donde se encuentran estos árboles por un período de hasta 100 años. Así todos estarían contentos. El pulmón del mundo seguiría intacto y Brasil tendría otra alternativa para promover el desarrollo económico.

Adicionalmente se podría acordar una cifra 'razonable' de emisiones de CO2 per cápita y cobrar impuestos al país que sobrepase esta cifra. Estos impuestos irían a los países que tuvieran emisiones por debajo de lo acordado. En resumen, hay mucho en lo que nos podríamos comprometer antes de seguir gritándole a Brasil.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.