Gustavo de Hoyos Walther

Democracia barata

Hay que ser claros en algo: la democracia mexicana no es cara si tomamos en cuenta los logros que se han obtenido en los más de 25 años en que hemos contado con un organismo electoral autónomo.

Un mito recorre México: que la democracia mexicana es cara. Vayamos por partes.

Iniciemos con una consideración sobre el valor de la democracia. Decía Oscar Wilde que un hombre cínico era aquel que conocía el precio de todo pero el valor de nada. El valor de que la ciudadanía decida de manera autónoma quien la gobierna no se puede medir solo en pesos y centavos. La estimación que tenemos por ella rebasa el cálculo actuarial o contable. La estimamos porque es un mecanismo que expresa la libertad ciudadana para gobernarse a sí misma.

Habría que decir que tal mérito de la democracia es mayor en un país con la historia que tiene México. Como sabemos, tras la revolución mexicana se consolidó un tipo de gobierno que si bien permitió el desarrollo económico del país evitando caer en dictaduras militares o en juntas revolucionarias, lo hizo sacrificando la democracia.

En un proceso complejo que duró varios lustros, la ciudadanía mexicana logró enterrar el modelo autoritario e instituyó en su lugar la democracia liberal, aunque con múltiples defectos. Desde entonces han ocurrido elecciones en las que no se sabe bien quién va a triunfar. Esta incertidumbre acerca del resultado es el signo de toda democracia, en su vertiente electoral. Cuando esto no existe, sabemos que la ciudadanía no es libre para auto-gobernarse. Hoy por hoy, esta es la situación en muchas naciones del orbe, sobre todo después de la ola populista autoritaria que ha asolado al planeta en las últimas décadas.

Esta reflexión viene al caso debido a que el llamado plan B que plantea el oficialismo después de la derrota de su reforma electoral en el Congreso, se funda en la idea de que podemos tener una democracia precaria, aunque esto signifique sacrificar la buena y ordenada gestión de los comicios hacia el futuro. Lo cual nos recuerda al hombre cínico de Wilde.

Hay que ser claros en algo: la democracia mexicana no es cara si tomamos en cuenta los logros que se han obtenido en los más de 25 años en que hemos contado con un organismo electoral autónomo. Tampoco es cara en términos de los recursos financieros que se canalizan a ella hoy en día: para las elecciones del 2024 se gastó aproximadamente el 0.1 por ciento del PIB. No hay entonces una necesidad de ahorro. Lo que sí hay es una necesidad de una mejor administración de los recursos, en todo caso.

Vale recordar en este punto que el país que más gasta en procesos electorales es Estados Unidos, la única nación en el planeta que ha organizado elecciones de manera ininterrumpida desde 1788.

La India es otro de los países que gasta recursos importantes en su proceso electoral. Estamos hablando, por supuesto, de la democracia más grande del mundo, en términos poblacionales.

Podríamos decir de hecho que una nación interesada en organizar comicios intachables no escatima recursos pues reconoce el valor de la democracia. Sirvan estas líneas para matizar el debate en curso.

Gustavo  de Hoyos Walther

Gustavo de Hoyos Walther

Abogado y Diputado Federal.

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