Para quienes gustan de manejar en carretera y pueblear, hay una ruta peculiar que incluye diversos atractivos. Comienza en el Pueblo Mágico de Peña de Bernal, en Querétaro, y luego se enfila hacia la Sierra Gorda, donde se encuentran las Misiones que fundó Fray Junípero Serra en el siglo XVIII: de Santiago de Jalpan, de Nuestra Señora de la Luz de Tancoyol, de Santa María del Agua de Landa, de San Francisco de Asís del Valle de Tilaco y la de San Miguel Concá, todas con inverosímiles fachadas por las que en 2003 fueron declaradas Patrimonio Mundial por la UNESCO. De ahí, al punto final cruzando hacia el estado de San Luis Potosí, Xilitla, que también es Pueblo Mágico y alberga la casa surrealista que construyó Sir Edward James, conocida como Las Pozas.
Todos esos puntos de la ruta son espectaculares, pero lo mejor de todo es que buena parte del trayecto se realiza cruzando la Sierra Gorda de Querétaro, que ofrece su propio espectáculo, el de la naturaleza, donde habitan más de cien mil personas distribuidas en 638 comunidades dispersas en 383 mil 567 hectáreas de Área Natural Protegida, declarada como tal por el presidente Ernesto Zedillo en 1997.
Actualmente, en este lugar funciona una red de alrededor de 65 microempresas comunitarias de Ecoturismo, en las cuales trabajan trescientas familias y grupos comunitarios que ofrecen diversos servicios a los visitantes, desde caminatas guiadas y experiencias culturales, hasta alojamiento en cabañas de barro, comida –cuentan con 26 fondas-- y espacios para acampar, además de talleres artesanales como elaboración de quesos, bordados y herbolaria, entre otros, con lo que ponen en valor lo que la naturaleza les dio: una gran biodiversidad y la belleza escénica del paisaje, recursos que llegan directamente a los negocios locales, haciendo de la conservación del sitio una actividad lucrativa.
Pero esto no surgió de manera espontánea, tiene su historia, ya larga, cuando Pati Ruiz Orozco, maestra de música en una secundaria de la ciudad de Querétaro, se mudó con su familia a una comunidad en las montañas de la Sierra Gorda, para en 1987 fundar junto con habitantes locales el Grupo Ecológico de la Sierra Gorda (GESG), con el objetivo de crear conciencia sobre la biodiversidad, sus amenazas y un movimiento de base para construir un futuro regenerativo en la región. Diez años después, lograrían que se les decretara como Área Natural Protegida y Zedillo la nombró directora federal de la Reserva de Biosfera Sierra Gorda, cargo que desempeñó hasta 2009. Entonces regresó a dirigir el GESG.
Pati –como gusta que le digan-- desarrolló lo que denomina “economía emocional” y que define como un “conjunto de valores, emociones, conocimientos, capacidades y sentimientos que permiten que una comunidad se involucre en la conservación y mantenga en el tiempo las soluciones que hacen posible regenerar la naturaleza”.
Pero los retos han sido muchos, por ejemplo, la basura. Pati Explica que en una zona montañosa, con pequeñas comunidades distantes unas de otras, recolectar y transportar basura representa un enorme reto logístico. Para enfrentar este problema que durante décadas contaminó los cuerpos de agua y degradó el suelo, han construido, apoyado y equipado más de 170 centros de acopio comunitarios, en los que cada año recolectan nueve mil toneladas de materiales reciclables como vidrio, plástico, cartón, Tetra Pack y hasta chatarra de carros, que cada uno vende en Querétaro y en cuya comercialización no interviene el GESG.
Catalogada como una Institución de Asistencia Privada, el GESG es una Organización no Gubernamental que se sustenta en donaciones de particulares, fundaciones, organismos internacionales y fondos públicos como los de Sello Querétaro, un programa del gobierno estatal que implica un impuesto de carbono para las empresas más contaminantes. Las comunidades pusieron 50 mil hectáreas en modo de regeneración natural y a cambio reciben recursos de este programa.
Pati se emociona, y con razón, al hablar de todo lo que hecho durante ya casi cuatro décadas, labor que le ha merecido cincuenta premios internacionales y el reconocimiento de las comunidades.