Contracorriente

Emerge un nuevo poder en EU

La inteligencia artificial, el software militar y la concentración masiva de datos para su análisis, serían el nuevo núcleo del poder.

Está emergiendo una nueva estructura de poder en Estados Unidos. Es nacionalista radical y beligerante. La van configurando las corporaciones de alta tecnología, con una vinculación estrecha a las fuerzas armadas y al gobierno de Trump.

Esas tres entidades comparten una visión del poder articulada por la prioridad asignada a la seguridad nacional, al desarrollo de la IA aplicada a la defensa del país y la preeminencia de corporaciones privadas sobre las instituciones públicas en la toma de decisiones.

La idea aglutinante es que el poder estadounidense está amenazado, lo que obliga a asumir la inevitable confrontación con China, a priorizar la seguridad nacional sobre cualquier otro propósito, a convertir la tecnología avanzada en el instrumento para preservar la hegemonía estadounidense global y a reducir la burocracia y sus regulaciones.

Los lores de la tecnología van desplazando a la élite republicana tradicional, cuyo poder económico e influencia política está basado en petróleo, inmobiliarias, finanzas, en la fabricación de manufacturas de alta sofisticación o la proveeduría de equipos y materiales a las fuerzas armadas.

El éxito de esos viejos corporativos lo buscaron en las ventajas competitivas que cualquier país ofreciera a sus procesos fabriles, y las encontraron, masivamente, en la China de los años ochenta.

El traslado de muchas de esas actividades a Asia debilitó la necesidad de la investigación científica aplicada en EU, la cual se hizo necesaria y se desarrolló en China, donde alcanzó superioridad en tecnologías en las que EU fue pionero.

Con Trump, Estados Unidos estaría intentando transitar de aquel capitalismo industrial-financiero a uno de carácter tecnológico-geo-estratégico.

La base de ese nuevo capitalismo se desarrolló, sostiene Mariana Mazzucato, por innovaciones tecnológicas (Internet, GPS, IA, semiconductores) que fueron financiadas inicialmente con presupuestos de las fuerzas armadas, para luego generar fortunas privadas inmensas.

En la configuración emergente del poder participan los tres agentes mencionados: las grandes corporaciones tecnológicas, que han establecido con el ejército una relación más participativa que comprende software militar e infraestructura de datos, y el gobierno refuncionalizado en torno a diversas amenazas a la seguridad nacional. El Cártel de Sinaloa, entre otras.

La inteligencia artificial, el software militar y la concentración masiva de datos para su análisis, serían el nuevo núcleo del poder. En ese modelo, la influencia de las corporaciones tecnológicas predomina sobre la gestión pública del Estado nacional, no sólo del de Estados Unidos.

En ese régimen de gobierno, al seguir imperativos geopolíticos y tecnológicos, ¿qué papel le queda a la participación social democrática?

Esa es una discusión abierta en algunos ámbitos de EU, como Silicon Valley; la compañía de software Palantir Technologies lleva delantera al haber publicado, en abril pasado, su manifiesto, denominado “Declaración de la República Tecnológica”.

Las coincidencias del manifiesto con el gobierno de Trump son sustanciales: comparten el nacionalismo económico, el compromiso de las empresas tecnológicas con la defensa militar del país; la consideración de que la confrontación con China es ineludible, la apuesta a ganar la posición hegemónica global a partir de la IA y sus aplicaciones en economía, política, sociedad y defensa.

Ante tales imperativos, es lógico -aunque injustificable- el rechazo a regulaciones ambientales, a las que protejan derechos laborales y en última instancia, a las libertades democráticas de la sociedad.

Palantir Technologies fue fundada en 2003 con financiamiento de In-Q-Tel, el brazo de capital riesgo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de EU. Alexander C. Karp es el cofundador y CEO de Palantir y el principal arquitecto ideológico del documento.

Desde sus inicios, Palantir ha estado profundamente integrada en el complejo militar-industrial; es un contratista clave de agencias como el Pentágono y el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EU (ICE).

Palantir surge como el líder ideológico de un movimiento que sostiene que la tecnología no es neutral, sino un instrumento explícito de fuerza militar y del poder del Estado.

Alega que Silicon Valley tiene una “obligación afirmativa” de participar en la defensa de la nación, tras haber abandonado las “grandes misiones nacionales” --defensa, infraestructura, ciencia estratégica--, para concentrarse en plataformas de redes sociales y de entretenimiento.

Su posición en lo sustancial, es que la innovación tecnológica ya no se justifica sólo por la competitividad empresarial, sino por la supervivencia geopolítica de Estados Unidos.

En ese sentido, la “Declaración de la República Tecnológica” no es un mero documento corporativo; es un posicionamiento en la arena ideológica que visualiza un futuro en el que la tecnología y la maquinaria de guerra son inseparables, un futuro cuyos autores ven como inevitable y sus críticos -que los hay en el mismísimo Silicon Valley- como profundamente peligroso.

¿Por qué peligroso? Porque implica concentración de datos, vigilancia algorítmica de los ciudadanos, militarización, alianza entre corporaciones y Estado, sin que las primeras, en su preeminencia, tengan que rendir cuentas a la sociedad ni someterse a controles democráticos.

La discusión de fondo ha sido en años recientes sobre quién debe gobernar, si los mercados, los Estados, las corporaciones tecnológicas y sus algoritmos o los ciudadanos; todo indica que está por darse por concluida.

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