Trump ha hecho de sus mentiras lo normal, lo que no se debe confundir con caos mental de su parte; sabe bien lo que quiere, y si la verdad, la ley o los acuerdos con otros gobiernos o con sus electores no se apegan a su estrategia, los descalifica como obstáculos a su «patriótico» propósito de ver por el bien común de los estadounidenses…
Una de sus mentiras con las que ha querido ofender a México, que usó para reformar el sistema migratorio, ha quedado evidenciada en un informe oficial publicado por del diario británico The Guardian según el cual, 77% de las personas sometidas a procesos de deportación durante 2025 no tenían antecedentes penales.
Las mentiras a sus electores que creyeron que elegían a un presidente que restauraría su posición social, económica y cultural como trabajadores blancos a quienes se debía la grandeza perdida de Estados Unidos, también van causando el tipo de desengaño que provoca la cada día más precaria economía de esos sectores por desempleo en aumento e inflación de precios, por dificultades crecientes para acceder a vivienda y a cuidados de salud.
En su informe sobre el estado de la nación del martes, opina Paul Krugman, premio Nobel de economía, Trump no tuvo “la desfachatez de distorsionar la verdad de forma tan infame como suele hacerlo; en cambio repitió pequeñas mentiras que integran, juntas, una representación falsa de dónde estamos”.
Pero la eficacia de las mentiras empieza a llegar a su fin, al hacerse evidente la más grande de todas, la que trata de ocultar la incompatibilidad entre la lógica de negocios de su gobierno y los intereses de una sociedad que tiene el dudoso honor de ser -entre los países desarrollados- la más afectada por la desigualdad, por su número de pobres, por sus problemas de drogadicción, entre otros males.
La crítica no es porque desde el gobierno se favorezca el desarrollo negocios conforme al orden capitalista de inversión, competitividad y ganancias, que para eso está configurado institucional y jurídicamente el régimen que proclama la democracia y las libertades desde que se erigió en el paradigma del constitucionalismo republicano al final del siglo XVIII.
No, lo que ha hecho la presidencia de Trump ha sido convertir al gobierno en un negocio en sí mismo, y lo ha hecho sin recato. Se le han señalado conflictos de interés, corrupción y recién, seguir la lógica de la cleptocracia.
La edición marzo/abril 2026 (ya en circulación) de la prestigiada revista estadounidense Foreign Affairs ofrece a sus lectores un ensayo en el que se califica de cleptocracia al círculo de poder que se adueñó de la Casa Blanca.
Foreign Affairs es una publicación del Council on Foreign Relations (Consejo de Relaciones Exteriores) mismo que la edita bimestralmente desde 1922. La edición que circula ahora, contiene un ensayo que lleva el muy explícito título “The Age of Kleptocracy: Geopolitical Power, Private Gain” (La era de la cleptocracia: Poder geopolítico, ganancias privadas), firmado por Alexander Cooley y Daniel Nexon.
Los autores describen al gobierno de Trump como uno que ejerce el poder anteponiendo los intereses personales y del círculo cercano al interés público; el ensayo se centra en la reconfiguración que ha hecho de la política exterior “para favorecer beneficios privados”. Habría desmantelado sistemáticamente instituciones clave de política exterior, como el Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional, y despedido a más de 1,350 empleados de carrera en 2025.
El documento describe acuerdos en política global que mezclan intereses geopolíticos con beneficios privados, “en forma y contenido que recuerdan prácticas asociadas con cleptocracias”, debido a intereses entrelazados de poder político y lucro privado.
Un ejemplo conocido de esas prácticas que ha sido ampliamente discutido en medios y análisis académicos sobre posibles prácticas cleptocráticas en la política exterior de Trump, es el papel de su yerno, Jared Kushner.
Durante la primera presidencia de Trump, Kushner sostuvo una participación activa en la diplomacia en Medio Oriente y meses después, estableció vínculos financieros con gobiernos del Golfo, especialmente con el de Arabia Saudita. Kushner fundó la firma de inversión Affinity Partners, que recibió una inversión de alrededor de 2 mil millones de dólares de un fondo soberano saudí.
Es obvio que esta secuencia de relaciones diplomáticas estrechas con regímenes autoritarios, y la posterior recepción privada de inversiones privadas de esos mismos gobiernos, da lugar a la sospecha de que hay conflictos de interés.
El otro rasgo característico de la política exterior de Trump es perseguir objetivos nacionales con el único argumento de su poder.
Si el gobierno de Trump mezcla intereses públicos y beneficios personales en el ejercicio de su descomunal poder ante el exterior, el de México tiene como mejor estrategia la que ha seguido la presienta Sheinbaum: tratar de reducir riesgos y de elevar las condiciones de certidumbre.
Lo que ha hecho la presidenta Sheinbaum ha sido invocar el diálogo y la negociación para canalizar los conflictos por la vía institucional, lo que en principio reduce espacios a la arbitrariedad del círculo de poder de la Casa Blanca; este, además, no es el único poder en Estados Unidos. Miguel Basañez, ex embajador de México ante Washington, ha referido en varias entrevistas periodísticas que se le han hecho que a nuestro gobierno le falta hacer cabildeo con comités del Congreso estadounidense.
Igualmente útil sería un trabajo político más estrecho con las empresas estadounidenses que exportan desde México, aliadas naturales contra el «rifle arancelario» con el que Trump amenaza a México y al mundo entero.
Quizás lo más importante que está haciendo el gobierno de México para reducir riesgos externos y elevar la certidumbre, es fortalecer las capacidades internas de producción y las de consumo del mercado interno.