La transformación ofrecida por López Obrador merece continuidad en algunas vertientes fundamentales, que le sirven bien como plataforma de campaña a Claudia Sheinbaum; nadie puede negar que ha seguido un crecimiento con inclusión social sin haber caído en el populismo económico ni satanizado el mercado, y que se ha fortalecido el protagonismo del Estado manteniendo plenamente abiertas las libertades políticas.
También hay déficits de la 4T que Sheinbaum deberá reconocer. Seguridad pública, 50.4 millones de personas que no tienen acceso a los servicios de salud, 30 millones más que en el 2018; el sistema escolar público que no ha podido evitar que un millón y medio de estudiantes hayan abandonado los estudios; la eliminación de estancias infantiles y del programa de escuelas de tiempo completo que le facilitaban la vida a madres trabajadoras, son algunos pasivos del lopezobradorismo.
Pero hay un claro propósito transformador que debe mantenerse: el de atemperar la pobreza, que afecta a la mayor parte de los mexicanos y que es mucho más que la falta de dinero en la economía familiar; aunada a desigualdad de oportunidades, la pobreza condena a quienes la padecen a la exclusión, a la estigmatización y marginación de toda participación activa en la sociedad.
México no es un país pobre, genera un PIB por persona de 224 mil pesos anuales, pero únicamente el 12 por ciento de la población, menos de 16 millones de personas, tienen un ingreso que permite vivir sin carencias de esparcimiento, vivienda, alimentación, vestido, cuidado de la salud y acceso a educación de calidad.
El problema es una mala distribución de la riqueza, que empieza en el mercado laboral, más de la mitad del cual es informal, y abarca la mala calidad de servicios públicos y un esquema fiscal que es urgente reformar con sentido progresivo.
Aunque la pobreza y las desigualdades aún están muy lejos de resolverse -como lo han estado desde hace siglos- durante los últimos cinco años se han dado avances sin precedente; en el ambiente laboral, mejorando los salarios mínimos, poniendo fin al outsourcing y desplazando sindicatos blancos mediante el empoderamiento democrático de sindicatos genuinos.
Todo indica que esas mejoras laborales han tenido mayor impacto en la superación de la línea de pobreza en estados como Nuevo León o la Ciudad de México, que el que han tenido los programas sociales, caso contrario al de las entidades más pobres, como Chiapas y Guerrero.
No hay populismo económico sino la estabilidad macroeconómica que permite un entorno internacional inflacionario y un manejo responsable de las finanzas públicas, basadas en un gasto austero y en una mejor fiscalización de los grandes contribuyentes. Del padrón de esos causantes, en el que figuran 11 mil 28 empresas que facturan más de mil 500 millones de pesos al año, se recaudaron durante el trienio 2019, 2020 y 2021 un total de 541 mil 682 millones de pesos, 88 por ciento de lo que se cobró en los seis años del gobierno anterior.
Aunque de ese padrón surgen algunos de los opositores más recalcitrantes del gobierno, porque estaban acostumbrados a no pagar los impuestos que les corresponden, los avances logrados por la 4T y la importancia de su continuidad convienen al desarrollo capitalista y a inversionistas nacionales y extranjeros que sean verdaderos emprendedores.
De ello, Claudia Sheinbaum será casi automáticamente beneficiada; el mayor reto que tendrá ella es su debilidad política y la carencia de una plataforma institucional que la beneficiara de la aceptación popular que goza el presidente López Obrador; esa aceptación se debe al sentimiento de representación de sectores populares que lo experimentan por primera vez, y lo encarna el presidente; descansa en López Obrador, no en un sistema institucional y es, en ese sentido, frágil e intransferible.
Claudia Sheinbaum tendrá que ganarse a esos sectores populares e ir además al encuentro de aquellos a los que el presidente ha vilipendiado, es decir, el empresariado, las clases medias y los medios de comunicación a los que tendría que convencer de que la 4T tiene una orientación acertada y que ha establecido algunas tendencias que de seguirse, permitirían volver a tener expectativas colectivas de un mejor futuro.