Contracorriente

Trumpismo a juicio

Los principios del proyecto político y económico de Donald Trump podrían volver a dominar en la Unión Americana.

Del juicio judicial iniciado contra el expresidente Donald Trump sólo caben dos posibilidades: que entre a la cárcel o salga políticamente fortalecido. Lamentablemente no están bajo juicio los grandes crímenes sociales que cometió su administración, a causa de los cuales se acentuaron las desigualdades y la pobreza, murieron miles de estadounidenses por el manejo de la pandemia del covid-19 y se polarizó a la sociedad con una narrativa basada en el racismo y el miedo al otro.

Su objetivo explícito fue atacar sin cuartel la noción, instituciones y legalidad de lo público y del interés común como el que representan asuntos relativos a la seguridad social gratuita, los programas contra el hambre y otros de alcance mundial, como el cambio climático, que se negó terminantemente a reconocer hasta retirar a Estados Unidos de los esfuerzos internacionales para mitigarlo. Hizo lo contrario a colaborar: desactivó cualquier restricción al uso de combustibles fósiles en EU a pesar de los estudios científicos que han demostrado las causas del calentamiento global.

Los principios del proyecto político y económico de Trump podrían volver a dominar la política de EU: fueron la deconstrucción del Estado regulador, una ofensiva sin cuartel contra los compromisos y los servicios sociales del Estado, la justificación de esa ofensiva con un discurso que instiga el miedo racial y a los inmigrantes mexicanos o islamistas, o de cualquier civilización diferente a la que afirma la supremacía blanca, anglosajona y protestante.

Steve Bannon, consejero principal de la campaña que llevó a Trump a la presidencia, reveló los objetivos ocultos de la administración cuando dijo que el objetivo era la deconstrucción administrativa del Estado en lo tocante a las leyes e instituciones encargadas de proteger a la población y sus derechos.

La idea era proteger, en vez de los derechos sociales, a las grandes corporaciones transnacionales a las que se les dieron poder sin restricciones ni interferencias de parte del Estado y total libertad de acción por encima del interés público. Con Trump, las grandes corporaciones tomaron el poder de manera descarada para diseñar leyes y políticas a su conveniencia.

No debe extrañar que hoy por hoy, Estados Unidos sea la economía más desigual y con más pobres entre las naciones desarrolladas; su índice de distribución de la riqueza es mucho peor que el europeo y aún peor ahora que el de Rusia y Asia Central. Según el Informe sobre la Desigualdad Global 2022, del World Inequality Lab, al 1 por ciento más rico de los estadounidenses, Trump le redujo los impuestos desde una participación del 21.8 por ciento en 2017 a 20.08 en 2019, último dato disponible.

Para sacar adelante sus políticas profundamente injustas, Trump se valió del conocido truco de divide para vencer y si la fórmula es políticamente válida, se vuelve repugnante cuando se esgrimen argumentos raciales o misóginos, o el que considera que “la tortura funciona” y con esas palabras se busca exacerbar odios irracionales entre los trabajadores blancos, anglosajones y protestantes que le creyeron al mismo tiempo que se iban empobreciendo en ingresos salariales y servicios sociales.

La administración de Trump actuó por encima de las leyes y normas vigentes, convencida de que saldría impune. Las acusaciones judiciales que tiene Trump en contra son graves, lo encarcelarían por 20 años, pero no lo es menos la polarización económica e ideológico política que contribuyó a decantar durante los cuatro años que gobernó su país. Ese juicio no está siquiera planteado por los partidos o la prensa, ni por la opinión pública; el trumpismo puede volver al poder.

COLUMNAS ANTERIORES

México ante las presiones intervencionistas de EU
Del Estado de bienestar al de los negocios

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.