Contracorriente

AMLO se autolimita

El gobierno es un poder muy limitado por la realidad, pero también autolimitado por una retórica confusa que no suma y hace pensar que carece de un proyecto político.

La semana pasada me referí, en este espacio de EL FINANCIERO, al acotamiento del poder político del gobierno por parte de otras fuerzas que han ido ganando espacios a costa de los que le corresponden a los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial federal, estatales y municipales.

Se trata de factores de poder externos al gobierno, como el empresariado nacional, los organismos financieros internacionales, el sistema bancario, el Tratado de Libre Comercio, el Ejército, la prensa comercial y otros, como el crimen organizado.

Entre esa constelación de fuerzas e intereses diversos, el gobierno es un poder muy limitado por la realidad, pero también autolimitado por una retórica confusa que no suma y hace pensar que carece de un proyecto político.

Por sus dichos, a López Obrador se le puede confundir con un izquierdista que quiere robarle a los ricos para darle a los pobres, o con un populista pero de derecha, porque también hay elementos para pensar que es un neoliberal encubierto, y es que las principales prescripciones del neoliberalismo -estado mínimo, mercantilismo global, austeridad, subvenciones a los pobres en vez de servicios públicos de calidad y negativa a emprender una reforma fiscal, entre otras-, están vigentes y dificultan las soluciones eficaces a los principales problemas el país.

El proyecto político de López Obrador más claro es el de recuperar poder. Hay quien lo ve como ambición personal, yo prefiero entenderlo como una necesaria reconstitución de las capacidades del gobierno para responder a las exigencias sociales, capacidades que han perdido tantos gobiernos a consecuencia del neoliberalismo como manifestaciones de descontento social que vemos por todo el mundo.

Si se omite la retórica y se comprenden las dificultades y limitaciones del poder efectivo del gobierno, pueden valorarse avances en los niveles de inversión y de consumo internos como resultado de medidas políticas, lo que indicaría un cambio interesante de tendencia en la dinámica del crecimiento, un cambio que el actual gobierno no logrará concretar pero por lo menos, aunque lo dejara incompleto, podría establecer tendencias diferentes.

La tendencia a la que me refiero es a que el crecimiento dependa más de encadenamientos internos de consumo y actividades productivas, es decir, del fortalecimiento del mercado interno; lo dijo el secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O el lunes, al inaugurar la Cátedra SHCP 2023 en la facultad de Economía de la UNAM.

“Es una diferencia muy grande, se los quiero resaltar, porque hay una historia en general, en las comunidades económicas de negocios, de universidades privadas, de que en esta administración no está cambiando nada y esto es un cambio muy importante: que el consumo está afianzándose, que la inversión privada está aumentando y que ese aumento está llevando a mayores importaciones de bienes de capital, que al mismo tiempo están reflejándose en un nivel de producción que está mucho más autosustentable en la demanda interna y no tanto en la demanda externa”.

En esa tendencia cuentan las remesas de dólares a las familias de los emigrantes, el reparto de dinero que hacen los programas sociales, el aumento registrado del empleo pero sobre todo, lo que sí implica un cambio de fondo, es la estrategia salarial a partir del salario mínimo.

La doble importancia del salario mínimo es que es lo que reciben más de seis millones de trabajadores, y que constituye una referencia que mueve la estructura salarial del país; hasta 2018 el aumento anual se mantuvo en el rango de 3.9 por ciento, tendencia que durante décadas mantuvo los sueldos y salarios en México entre los más bajos de América Latina, Centroamérica incluida.

A partir de 2019 el minisalario aumentó 20 por ciento, un 15 por ciento más en 2020, otro 22 por ciento en 2021, un aumento más de 22 por ciento en 2022 y de 20 por ciento este 2023.

Remesas, asistencia social en efectivo y mejora sustantiva en los salarios, aunados a mayores inversiones privadas y pública, resultan en un nivel de consumo más alto, que es el mejor estímulo posible al crecimiento de la economía.

Cabe aclarar que la que está creciendo es la inversión extranjera directa, no la de origen nacional cuya formación bruta de capital se ha contraído 4.6 por ciento desde 2019, según el Inegi.

No obstante, importa subrayar que la ampliación de las bases internas de crecimiento sería resultado de un crecimiento socialmente más equitativo, más justo y estimulante.

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