Contracorriente

Pobreza y bajos salarios

Para fortalecer el salario, una opción es que se permita a las empresas, por lo menos las cooperativas, atender directamente necesidades de educación, alimentación y vivienda de sus asociados.

Relacionar la causa principal de la pobreza con la precaria estabilidad general de los empleos y los bajos salarios que se pagan a empleados y trabajadores, obliga a considerar razones por las que en México las empresas pagan, en promedio, remuneraciones más bajas, en términos de poder adquisitivo, que en Guatemala y que en casi todo el resto de América Latina.

Las causas tienen que ver, algunas con las condiciones del mercado laboral -oferta, demanda, aptitudes, leyes, reglamentos, organización de trabajadores y capacidades de negociación- y otras con las dificultades de las empresas para prosperar cuando tienen al gobierno encima y su competitividad es baja (por múltiples motivos); recibí un extenso correo de un dirigente cooperativista en Puebla, lector de mi artículo de la semana pasada, en el que toca algunos de esos temas y hace propuestas, por lo que de aquí en adelante seguiré su exposición.

Por supuesto que los costos de la nómina para la empresa no equivalen a lo que el trabajador se lleva a su casa; hay que agregarle cuotas que se deben pagar por ley, como IMSS (que crecerá en porcentaje a partir del año próximo), SAR, Infonavit, impuesto estatal sobre nómina, incapacidades y otras más. A esto hay que sumar el equipo de contadores, administradores, personas de sistemas y cualquier otra que se requiera para cumplir la maraña inagotable de leyes, normas y reglamentos “que se multiplican a mayor velocidad que el coronavirus”.

Se añaden además abusos en multas, recargos, actualizaciones y costo de atención al ejército de auditores que no buscan verificar que se hayan realizado los pagos justos, sino recaudar lo máximo con cualquier pretexto –aun contra la ley que los rige- u obtener un beneficio personal vía corrupción para evitar la exacción.

Si a esos costos añadiéramos un salario que alcanzara a cubrir los gastos familiares en salud, educación, alimentación saludable, vivienda digna y todas las demás necesidades fundamentales para el desarrollo integral de cada miembro, resultaría una cifra que la productividad media de las empresas no alcanzaría para pagar porque además, el poder adquisitivo de los salarios pierde por la cadena de intermediarios que encarecen la canasta básica.

Para fortalecer el salario, nuestro lector propone que se permita por lo menos a las empresas organizadas como cooperativas que atiendan directamente necesidades de educación, alimentación y vivienda de sus asociados, es decir, que puedan deducir esos gastos del ISR e IVA que deban pagar.

Acerca de la baja productividad empresarial media, señalada implícitamente como segunda causa de los bajos salarios, nuestro lector sólo apunta que el sistema educativo nacional no desarrolla los conocimientos, capacidades, actitudes y valores que se requieren para trabajar en equipo en actividades socialmente útiles, ecológicamente responsables y regeneradoras, económicamente viables y equitativas en un sistema de mercado competitivo.

Hay otros factores que al fallar por bajas inversiones, afectan la productividad y la competitividad empresarial, como la organización y eficiencia interna, la facilidad y costos de acceso a la tecnología y otros servicios, como transporte; la carga financiera (que los bancos en México han elevado desmedidamente a su antojo, mucho más que en toda América Latina, sin que el Banco de México haga nada al respecto).

No es causalidad que los tres problemas señalados por nuestro lector -burocracia y corrupción, ineficiencia educativa que repercute en la productividad laboral, y baja eficiencia empresarial debida a inversiones de capital de riesgo insuficientes y a un sistema financiero oneroso- son los mismos que tuvieron que resolver países que eran pobres hace 70 años – Taiwán, Corea del Sur, Singapur y Hong Kong- y hoy destacan entre los más ricos del mundo.

Aunque las culturas sean distintas, la lógica de una economía de mercado no hace distinciones e impone los mismos desafíos y sanciones de manera implacable a quien no los afronta. La pobreza salarial es, en medida importante, un castigo del mercado a la ineficiencia productiva.

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