Contracorriente

El enojo con el presidente

La mayor parte de la prensa, radio y televisión le tunde diario al presidente, y duro. También López Obrador se desquita y réplica.

La mayor parte de la prensa, radio y televisión le tunde diario al presidente, y duro. También López Obrador se desquita y réplica, y a veces provoca relacionando empresas y columnistas con intereses ‘del pasado’. Suele dar como principal causa de la oposición de los medios a su gobierno que antes, durante la época neoliberal, recibían millonarias sumas en pautas propagandísticas de gobierno.

Cierto, el dinero que recibe el periodismo impreso, electrónico, radiofónico y televisivo para dar información o hacer propaganda del gobierno, se redujo desde el primer momento de la actual administración a casi una cuarta parte de lo que asignaba el gobierno de Peña Nieto. Y ahora, además, se tiene que comprobar su destino y uso.

Pero el dinero no es la única causa del encono de algunos medios ni de ciertos personajes contra López Obrador. Claro que deben de echar de menos los contratos, algunos reales y muchos simulados, pero a las élites de la industria -propietarios y sus estrellas- les importa también, o quizás sobre todo, que se les llegara a coartar el control de la opinión pública que en toda sociedad tienen quienes controlan los medios de comunicación.

Incidir en las ideas, en la opinión y en las acciones públicas es el papel de los medios de comunicación y es legítimo, pero la estrategia del presidente hacia ellos parece haberlo ignorado. Los ha enfrentado quitándoles ingresos, pero tiene que dejarlos que reaccionen libremente porque no podría impedirles que traten de mantener y ampliar su influencia social; es incuestionable que en amplios sectores de clases medias y altas, son la televisión, radio, prensa impresa y por internet la referencia formadora de opinión.

Las ‘benditas redes sociales’, como las considera Lopez Obrador, no contribuyen a una pedagogía democrática sino a lo contrario, por lo que se ve, y aquella prensa y los noticiarios que le tunden diario al presiente tampoco aluden a una cultura política propicia para la convivencia y solución pacífica de conflictos.

Recurren al descrédito de cuanta decisión y acción que toma el gobierno, y con ello pretenden erosionar aún más la confianza en las autoridades de los sectores sociales que los siguen; nada más antidemocrático que el distanciamiento entre gobierno y gobernados.

El otro recurso de algunos medios de comunicación para ganar lectores o audiencia, y poder ante el gobierno, es generar miedo repitiendo que el país está en quiebra, que la corrupción está peor que antes, que el manejo de la pandemia ha sido criminal, que el Ejército está empoderado y todo aderezado con la denostación exagerada, la irrespetuosidad y la burla.

La materia de la que se ocupan los medios de comunicación es influir en las ideas de la gente, y de las ideas se sigue lo que la gente opina y lo que está dispuesta a hacer a favor o en contra del gobierno.

El miedo es el medio más eficaz para lograr que la gente actúe y haga cosas que se le sugieran sin mayor reflexión, por mera lealtad a su medio o comentarista elegido por las más diversas razones.

Los medios que están ocupados en amedrentar, cierran el paso a dilucidar si el país va o no en la dirección correcta, si algunas acciones merecen ser reforzadas o corregidas otras para resolver la enorme complejidad de problemas acumulados durante décadas.

Sin embargo, por serios que sean los problemas que le pueden causar los medios al gobierno, AMLO ha reiterado, y hay que tenerlo presente, que su gobierno no pretende coartarlos porque sería atentar contra la libertad de expresión y de prensa.

COLUMNAS ANTERIORES

Política económica/ política social
Mal planteado, presidente

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.