En el espejo de Washington

La Gran Renuncia: ¿llegará a México?

La Gran Renuncia está impulsando a las personas a confrontar y rehacer su relación con la vida en el hogar, con sus familias, con sus seres queridos, amigos y en sus vidas fuera del trabajo.

CEO Founder LEXIA Insights & Solutions

La Gran Renuncia es la etiqueta que han dado a un fenómeno que está sucediendo en Estados Unidos y en varias de las principales economías del mundo. ¿En qué consiste? En que millones de trabajadores han decidido renunciar y cambiar de vida laboral en lo que va del año.

Lo previsible es que esta tendencia tenga algún impacto en nuestro país. Lo hará de una manera matizada porque no son circunstancias que se trasladen inercialmente a la realidad mexicana, donde no existe seguro de desempleo, ni una mayor participación de la mujer en el mercado laboral (más de un ingreso por familia) y donde un trabajo estable es más una bendición que un lastre del cual desprenderse.

La Gran Renuncia se está explicando en gran medida como un saldo de la pandemia. Los gerentes de las economías desarrolladas se las están viendo muy duras en un contexto de disrupción de las cadenas de suministro, costo prohibitivo de los fletes internacionales y transformaciones de fondo en el mercado laboral. Están justamente estresados porque les faltan personas y suministros para operar.

Habrá que analizar con detalle los datos de rotación de personal de las empresas en México para no caer en generalizaciones que falsifiquen la realidad y poder llegar a conclusiones más claras y específicas de nuestro caso particular.

Lo cierto es que el tiempo pandémico ha detonado cuestionamientos y reflexiones sobre nuestra relación con el trabajo, con el tiempo y con el espacio.

Kathryn Hymes señala que los cambios estructurales van más allá del trabajo: “tomada en su superficie, la Gran Renuncia pone en primer plano el lenguaje del estatus laboral, pero pasa por alto una historia paralela, posiblemente más grande: la realineación radical de valores que está impulsando a las personas a confrontar y rehacer su relación con la vida en el hogar, con sus familias, con sus seres queridos, amigos, y en sus vidas fuera del trabajo”.

Es por eso que otros autores hablan de la Gran Reorganización o la Gran Priorización.

Mientras tanto, podemos vernos en el espejo de Estados Unidos para identificar lo que sí y lo que no podemos esperar en nuestro país.

Una primera distinción relevante es el motivo por el cual los trabajadores están renunciando. Esquemáticamente podemos señalar dos clases. Quienes renuncian para pasar de algo bueno a algo mejor y quienes simplemente ya no soportaban un trabajo indigno, mal pagado, con malas condiciones y nulo reconocimiento.

El primero es un lujo que se pueden dar los trabajadores de cuello blanco que encuentran diferentes opciones en su horizonte. El segundo es un grito de hartazgo que exige a las empresas mejoras sustanciales en las condiciones laborales.

Las dinámicas generadas por la Gran Renuncia se suman a las dificultades que enfrenta la mayoría de las empresas mexicanas –especialmente las micro, pequeñas y medianas–, abandonadas a su suerte por el gobierno y ahora también presionadas por las comprensibles demandas de sus colaboradores.

Toda buena empresa debe tener capacidad de adaptación y la clave para su sobrevivencia y futuro crecimiento será entender que ya muchas cosas no serán como antes y que intentar regresar de manera testaruda a la (vieja) ‘normalidad’, no solo será imposible sino contraproducente.

En muchos sectores de la economía el trabajo a distancia llegó para quedarse, ya sea de una manera parcial o total. Las empresas tendrán ventajas si institucionalizan la flexibilidad en los tiempos, pero también de los espacios, pues muchas personas están moviéndose dentro o fuera de las ciudades hacia viviendas donde puedan trabajar sin necesidad de ir a la oficina.

El fenómeno es descrito así por Derek Thompson: “tenemos un gran empuje hacia afuera. Se aceleró la migración a los suburbios. Más personas están renunciando a su trabajo para comenzar algo nuevo. Antes de la pandemia, la oficina sirvió para muchos como la última comunidad física que quedaba, especialmente cuando disminuyó la asistencia a la iglesia y la membresía de la asociación. Pero ahora incluso nuestras relaciones de oficina se están dispersando. La Gran Renuncia se está acelerando y ha creado un momento centrífugo en la historia económica”.

Las estadísticas laborales en los países desarrollados muestran que los sectores más afectados por la Gran Renuncia son aquellos donde hubo sobrecargas extremas que provocaron un agotamiento y hartazgo profundo. Los sectores que más han sufrido son los vinculados a los servicios de salud, las empresas de comercio electrónico y en una proporción destacada los empleados en el sector de hoteles y restaurantes (estos últimos clasifican más en la clase de trabajadores que exigen trabajos dignos y mejor pagados).

Aprender la mejor forma de llevar a cabo esta reorganización del trabajo presenta el reto de respetar los tiempos que los trabajadores necesitan para sus actividades personales y familiares.

Las empresas deben estar muy atentas a generar medidas que eviten el burn out, al mismo tiempo que busquen establecer mejores condiciones que permitan a las personas satisfacer sus necesidades básicas y además liberar tiempo para vivir con un mayor equilibrio.

Guido Lara

Guido Lara

CEO Founder LEXIA Insights & Solutions.

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