La insistente, reiterada y machacona convocatoria a la unidad y cohesión del movimiento regenerador tras la designación, muy adelantada, por cierto, de sus “coordinadores para la defensa de la transformación y la soberanía nacional” pone de manifiesto, una vez más, precisamente lo contrario: la fragilidad estructural interna, tanto de los organismos políticos, como de los personajes que lo conforman.
Las evidentes inconformidades no se hicieron esperar.
Aquellos y aquellas que no resultaron agraciadas con la flamígera y digital “encuesta” hicieron patente su disgusto de manera inmediata, cuestionando la metodología del proceso mediante el cual se realizó la designación de los diecisiete personajes que encabezarán las candidaturas a igual número de gobiernos estatales el año próximo.
Queda expuesta, de nueva cuenta, la naturaleza tribal del regenerador movimiento y el carácter cupular e impositivo de las decisiones internas, sin duda guiadas desde algún remoto lugar de nuestra geografía y determinadas, no necesariamente, por las nebulosas encuestas, sino por el cálculo y la negociación de cargos y cuadros.
La estrategia o estratagema de designar, tan anticipadamente, bajo el membrete de coordinadores a quienes serán en realidad sus candidatos fue pensada evidentemente para darle la vuelta a la norma que establece los tiempos electorales e impide la realización de actos anticipados de campaña, un eufemismo con el que se pretende, precisamente, poner en acción la maquinaria con miras a las elecciones del año venidero.
Sin embargo, la estrategia adoptada pone también de relieve las preocupaciones que existen al interior del partido dominante y sus aliados de sufrir un revés en las urnas, lo que ha obligado a la toma y daca, negociando posiciones para evitar la ruptura, lo que se ha utilizado como moneda de cambio para mantener la alianza sin grandes afectaciones.
Es bien sabido dónde se encuentra el núcleo del liderazgo del movimiento y cómo se decide, verticalmente, lo que ha de hacerse bajo un muy particular estilo de gobernar que, tras bambalinas, mueve los hilos sin que se le cambie una sola coma a la determinación dictada, pero de ahí a que exista una verdadera disciplina ideológica como la que se expresa cotidianamente, hay una gran distancia y, aunque se acaten las instrucciones por salud y conveniencia propia, no dejan de manifestarse expresiones de descontento que evidencian las fisuras existentes y ponen en cuestionamiento la realidad de la cohesión interna.
No sería difícil que la vía elegida para adelantar camino ante los opositores, dada la inconformidad generada por el opaco proceso, lejos de cohesionar, produjera justamente lo contrario: la ruptura.