" Artículo 49. El Supremo Poder de la Federación se divide para su ejercicio en Legislativo, Ejecutivo y Judicial.”
CPEUM
La pugna desatada desde el Ejecutivo en contra del Poder Judicial de la Federación desde hace varios meses, ha llegado a un punto de no retorno con la desaparición de 13 fideicomisos que afectan en su conjunto y de manera determinante a los miles de trabajadores que integran la estructura judicial federal en todo el territorio.
La narrativa presidencial, acogiéndose a los argumentos de la austeridad republicana y a la eliminación de privilegios en los altos cargos de la Corte, ha señalado que los empleados no se verán afectados en sus salarios y prestaciones y que la medida adoptada tiene como destinatarios explícitos a los ministros, magistrados y altos funcionarios de la Suprema, pero, por su parte, los ministros han señalado reiteradamente lo contrario, expresando que ni un solo céntimo de esos cuantiosos dineros beneficia a los altos cargos, sino a los empleados, a los que hoy se perjudica.
Para efectos prácticos, lo que resulta evidente, es que la decisión presidencial de cancelar, con el soporte del Congreso, los fideicomisos de la Corte Suprema, es una medida de presión, una demostración de fuerza de quien detenta el poder en la máxima tribuna política de la nación de manera ‘casi’ absoluta y es, precisamente, el ‘casi’ lo que ha generado el conflicto interno en el Supremo Poder de la Federación, teniendo como principalísimo actor y objetivo a la Corte, tanto desde Palacio como desde el Congreso federal.
El espíritu republicano de separar el ejercicio del poder en diversos segmentos es el de evitar el absolutismo, generar los equilibrios necesarios para suprimir tentaciones autoritarias y ejercerlo con sujeción a las normas que, desde la Constitución, regulan el intercambio social. Romper los indispensables equilibrios, el control del poder desde el poder mismo conduce, inexorablemente, al autoritarismo, de lo que hay sobrada experiencia, doméstica y externa.
Las baterías están orientadas, de manera más que obvia, hacia el Poder Judicial, que ya reciente los estragos de la andanada virulenta que, indudablemente, le produce una crisis interna, pero hay que pensar en las dimensiones a las que puede escalar esta, de traducirse en una crisis nacional de proporciones inesperadas en el año electoral que ya padecemos.
En un ambiente convulso y confrontado no es de extrañar que recibamos nuevas sorpresas a manera de despedida.
El autor es catedrático, analista político, consultor en inteligencia estratégica, seguridad nacional y administración pública