Gerardo Herrera Huizar

El país más seguro de la historia

La propuesta del plan Angel de Marcelo Ebrard tiene como antecedente su experiencia en el desempeño de diversos cargos, planteada hoy mediante el empleo intensivo de la IA.

Una nación que sólo pide a su gobierno el mantenimiento del orden

es ya esclava en el fondo de su corazón, es esclava de su bienestar,

y quien ha de encadenarla puede aparecer muy pronto.

Tocqueville

Avanzadas Normas de Geolocalización y Seguridad (Angel), el plan propuesto por el excanciller mexicano y aspirante a la coordinación nacional de la defensa de la 4T, con el que ofrece convertir al país en el más seguro de la historia, se ha colocado en el centro de la pugna entre dos de las corcholatas favoritas, exponiendo los desencuentros en la contienda interna.

En afán de ubicarse como el favorito o favorita del que sabemos es el gran elector, los suspirantes han recurrido a todo para posicionar su imagen, desde la exhibición pública exuberante, hasta la descalificación.

Es innegable que uno de los problemas más sensibles, si no es que el más relevante que aqueja a México, es el de la inseguridad y la violencia sistémica en gran parte de la geografía nacional, donde el Estado ha perdido o cedido el monopolio del poder y donde la demanda social más apremiante es, precisamente, la de la seguridad, que garantice sus libertades, derechos y la paz.

Sin duda, la propuesta de su plan Angel tiene como antecedente la experiencia en el desempeño de diversos cargos, entre ellos el de secretario de Seguridad Pública en la Ciudad de México, planteada hoy mediante el empleo intensivo de la inteligencia artificial, pero expuesta como la panacea para hacer del país el más seguro de la historia, suena un poco a tener un sistema de salud como el de Dinamarca.

Muchas son las variables que entran en juego tratándose de la inseguridad: políticas, económicas y sociales. Quizás la más destacada sea la de los altos niveles de corrupción e impunidad en todos los órdenes, que generan un círculo vicioso y produce un crecimiento paulatino de la criminalidad y la consecuente pérdida del Estado de derecho.

Ciertamente el desarrollo tecnológico nos avasalla, el ciberespacio condiciona nuestra forma de vida y pone en cuestionamiento las libertades, la intimidad, la privacidad y, paradójicamente, la seguridad de los individuos y las colectividades.

Las ventajas que ofrece la tecnología conllevan también una serie de riesgos y amenazas que deben ser analizadas, ponderadas y reguladas para una sana convivencia social y la indispensable moderación en el ejercicio del poder.

Seguramente, en los meses por venir, estaremos expuestos a nuevas y sugerentes ideas de todo tipo, promesas que delinearán el rumbo a seguir para resolver los grandes problemas de la nación, al tiempo que los codazos y puntapiés se reproduzcan con más contundencia.

Se debe tener presente que tras las campañas que no son campañas y las cordiales confrontaciones, sólo uno de los actores resultará ungido y después –todo parece indicar– el diluvio.

El autor es catedrático, analista político, consultor en estrategia, seguridad nacional y administración pública.

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