Gerardo Herrera Huizar

Año nuevo. Misma política

Sin ser pesimistas, la realidad nos demuestra, con su lógica contundente, que existen circunstancias obligadamente heredadas por el año viejo.

Arranca el 2023, como todos los años, con propósitos, buenos deseos y la esperanza de la buena ventura. Salud, dinero y amor, pero, sin ser pesimistas, la realidad nos demuestra, con su lógica contundente, que existen circunstancias obligadamente heredadas por el año viejo.

2023 será un año eminentemente político, marcado, muy probablemente, por la confrontación y el desencuentro que se han venido haciendo patentes, como ya se había prestidigitado, durante los últimos meses, dadas las aspiraciones por ocupar el preciado trono nacional, con menciones específicas desde la máxima tribuna que han puesto en marcha la contienda de manera anticipada, ofreciendo ejemplos de lo que presenciaremos en los meses por venir.

Las preferencias presidenciales son más que elocuentes y tanto las simpatías como las exclusiones van generando un ambiente de ruptura o, al menos, de desintegración por la conformación interna de grupos antagónicos en pos del mismo objetivo que, elementalmente, al ser mutuamente excluyentes, buscarán sus propios espacios.

Desde luego, la decisión, la designación está en el gran elector, en el fundador, líder moral y guía espiritual del movimiento regenerador quien no sólo ha dado el banderazo de salida, sino que ha dado aliento a la contienda interna tras la cual existirá solamente un ungido.

La pregunta es ¿cuál será el derrotero que seguirán aquellos aspirantes que no resulten elegidos?

Por el momento, al menos uno de ellos, abiertamente excluido, se ha pronunciado decididamente a estar en la boleta aun cuando no cuente con la bendición que le es indispensable, ello nos mueve a pensar que, entonces, optaría por una vía alterna y no hay otra que buscar o aceptar una candidatura por la oposición que no parece tener un candidato viable todavía, con alianza o sin ella y que sigue también confrontada en su interior.

Nebuloso, complicado e incierto el horizonte para el año que inicia y que tiene como primer evento relevante y trascendente la sucesión en la presidencia de la Suprema Corte de la Nación que ha de decidirse el día de hoy, catalizada por la herencia del escándalo de la misteriosa tesis supuestamente plagiada.

Mucho de lo que está en el tablero político para el último tercio de la administración dependerá de la elección de la presidencia en el máximo tribunal y será un factor determinante para sustentar la constitucionalidad de las reformas legales en curso que resultan fundamentales sobre todo en materia electoral de cara a las elecciones locales y federales próximas.

Con todo, deseamos que el 2023 sea un año próspero y prometedor.

Feliz año nuevo.

COLUMNAS ANTERIORES

Apenas el comienzo
Cerrando la pinza

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.