Semanas explosivas, indudablemente, las que han quedado atrás, cargadas de adrenalina política desde el seno mismo del movimiento regenerador donde parecen ubicarse las fuentes reales de confrontación, es decir, los verdaderos adversarios que, por lo visto y, aun inconscientemente, ofrecen antagonismos a su propio proyecto.
La confrontación interna que se desató entre personalidades de primerísima línea y muy cercanos al jefe del Ejecutivo es una poderosa señal del nivel de cohesión y armonía al interior de Morena, que pone en entredicho los principios y postulados que le granjearon la fortaleza electoral con la que se erigió con el triunfo en las urnas en 2018.
Por más que el asunto trate de ser menospreciado en el máximo nivel y se expongan argumentos incluso de carácter personal, la evidencia es irrefutable y deja al descubierto los pocos avances que se han logrado hacia el saneamiento de la vida pública del país, que ha sido la oferta central del movimiento y una añeja exigencia, quizá la más sentida y perenne, de la sociedad mexicana.
A tres años de iniciada su gestión, la administración ha experimentado cambios sensibles en los máximos niveles de responsabilidad y, en la mayoría de ellos, ha quedado de manifiesto o se ha especulado sobre sus motivos (Comunicaciones y Transportes, Hacienda, Función Pública, etcétera), desencuentros o desacuerdos, que han culminado con la ruptura. La más reciente y previa a la confrontación abierta y de carácter legal vigente, la salida del consejero jurídico de la misma Presidencia de la República.
Pero si al máximo nivel, en el equipo cercano al primer mandatario, no se ha logrado la consolidación de visiones y esfuerzos aún bajo la centralidad del ejercicio del poder, como lo muestran las evidencias, ¿qué podría esperarse en los niveles intermedios y bajos donde la diversidad de corrientes, intereses y liderazgos campea?
La desunión interna es manifiesta, la disciplina es frágil y la persecución de intereses divergentes es explícita. El haber anticipado el proceso sucesorio va dando pie a la alineación de grupos y, es de suponerse, al diseño de estrategias con miras a la contienda formal de 2024, lo que, sin duda, será un catalizador de la situación interna del movimiento regenerador en la segunda mitad del camino, que se reflejará en la eficacia de la administración y, por desgracia, en la calidad de vida de millones de mexicanos.
Un experimento que permitirá apreciar, de manera muy cercana y realista los niveles de aprobación del gobierno y su expectativa, más allá de las encuestas centradas en el Ejecutivo, será la consulta de revocación de mandato el próximo 10 de abril, donde la afluencia ciudadana será el verdadero termómetro.
A juzgar por las apariencias, la propaganda que se ha instalado en espectaculares por todo el país y los recursos mediáticos y en redes sociales implementados, tal parece que se anticipa una pobre participación, pues de otra manera no habría necesidad de recurrir a una promoción tan abrumadora.
Por más que traten de soslayarse los acontecimientos, de minimizar su trascendencia y destacar asuntos menores, como la venta de tlayudas en la comunicación política, los antagonismos son de tal nivel y relevancia, que por sí mismos se ubican en un primerísimo orden en la agenda de las preocupaciones nacionales.
Es importante, desde luego, destacar los logros, pero es imprescindible identificar, con espíritu crítico, las muchas vulnerabilidades que se ahondan día con día en el seno mismo del poder público, para darles la oportuna y merecida solución. Dejarlo para mañana y administrar la apariencia suele tener sorpresas funestas.