Gerardo Herrera Huizar

6 de junio, la incierta opción por el futuro

Todo apunta hacia una jornada acalorada, no exenta de conflictos y violencia dados los acontecimientos de las últimas semanas.

La cuenta regresiva ha dado inicio, tan sólo una semana nos separa de la elección que, virtualmente, definirá una nueva realidad para la República y marcará el derrotero de los próximos lustros, dependiendo de la corriente política que se erija con el triunfo electoral.

Todo apunta hacia una jornada acalorada, no exenta de conflictos y violencia dados los acontecimientos de las últimas semanas que han sido caracterizados por escándalos, filtraciones, atentados y hechos de sangre en diversas regiones de la geografía nacional, en su mayoría, de alcance local, pero con repercusión directa en el ambiente nacional.

El 6 de junio próximo seremos partícipes, ciudadanos, medios, partidos y gobiernos, de una confrontación encarnizada, no entre institutos políticos aislados o bajo sutiles entendimientos, tampoco entre coaliciones o alianzas abiertas o veladas a nivel federal o de carácter local, sino simplemente entre dos visiones de país claramente identificadas, con pretensiones trascendentes y, en el fondo, mutuamente excluyentes, centradas ambas en la alternativa de continuidad o cambio, pero con diferentes enfoques que aluden, paradójicamente, a un mismo desenlace poco promisorio o abiertamente caótico y retrogrado.

Los argumentos de una parte giran en torno a las experiencias del pasado reciente, convocando al electorado a evitar el retorno a la viciada época neoliberal, pletórica de insensibilidad social, frivolidad y corrupción, que crearon el ambiente propicio de mal humor social contra el régimen y determinaron el arribo al poder de la opción transformadora revestida de movimiento popular.

El llamado de la otra parte, es también elocuente en señalar los escasos resultados tangibles obtenidos a casi tres años de gestión de la actual administración y, sobre todo, el personalísimo estilo de gobernar que ofrece el riesgo de retornar a estadios ya superados de autoritarismo y concentración excesiva del poder público, con la configuración de escenarios catastróficos en lo político, económico y social.

En esencia, ambas posiciones recurren a la descalificación mutua, a la alusión de los males del pasado, mediato o reciente, y a la necesidad de retomar el rumbo, sea mediante la radicalidad de la indispensable transformación de la vida pública, según unos, o la recuperación del orden institucional en paulatino deterioro, para volver a la ortodoxia, según otros.

Desde luego que, para ambas posiciones, es importante la ocupación de espacios territoriales, la obtención de gubernaturas y municipalidades, pero lo verdaderamente relevante es la conquista de espacios en la Cámara baja federal, desde la cual puede, para una corriente, garantizarse y revitalizar la pasión transformadora y, para la otra, ejercer una oposición eficaz contra las tentaciones concentradoras, argumentos que se han esgrimido con generosidad en el debate público. Ambas corrientes parecen dispuestas a dar el todo por el todo en la jornada del próximo domingo.

El escándalo, la denostación, los señalamientos anticipados de fraude y las filtraciones de los pecadillos de los aspirantes aderezan la contienda y se multiplican en redes sociales profusamente, con el acompañamiento, cada vez más evidente, del crimen organizado en el proceso.

Será, sin duda, una compleja y candente jornada, pero más aún, será la compleja situación que se producirá a partir del día después, en donde los tribunales, seguramente, tendrán la última palabra.

COLUMNAS ANTERIORES

Michoacán a sangre y fuego
Segundo tiempo. Hacia la consolidación

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.