Gerardo Herrera Huizar

Cuatro semanas, la continuidad en juego

Nos acercamos a la jornada electoral que se pronostica como la más relevante y crítica de la historia del México moderno.

Inexorablemente, entre muertos, contagiados, viejitos vacunados y millones de desempleados, nos acercamos a la jornada electoral que se pronostica como la más relevante y crítica de la historia del México moderno.

Tras dos años y meses de gobierno transformador, crisis multifactorial de por medio, en tan sólo cuatro semanas, los mexicanos se enfrentarán a la disyuntiva de la continuidad o el cambio de rumbo. La cosa se percibe compleja y los augurios se orientan a la confrontación.

Y es que los anuncios del porvenir, las señales del ambiente son de tal elocuencia, que no dejan espacio a pensar otra cosa que en la preparación del terreno, en la generación de condiciones previas, para dar respuesta anticipada a cualquier tipo de contingencia que pudiere presentarse y amenazara, en su caso, con el descarrilamiento de la locomotora de la transformación mexicana del siglo XXI.

Los temas que han dominado la escena pública durante las últimas semanas, y bien entrados en proceso electoral, aparentemente aislados, pueden en realidad no ser tales, sino, en su individualidad, facetas de un mismo poliedro que articuladas en tiempo, espacio e intencionalidad, conducen a un mismo destino.

Las reformas inducidas desde el legislativo, la llamada ‘ley Zaldívar’, para la ampliación del periodo de funciones de los magistrados de la Corte, las declaraciones abiertas y expresas, por ahora sólo manifestando la intención de la necesidad de sujetar al árbitro electoral, emitidas por diversos y relevantes actores de la estructura progresista, la embestida contra los órganos autónomos y hasta el proceso implementado para retirar la protección constitucional, el llamado fuero, al crítico y confrontador gobernador de Tamaulipas, se inscribirían en el mismo contexto: eliminar cualquier escollo que atente contra el triunfo y, así se ha señalado expresamente, garantizar la transformación.

Implícitamente, se asume desde el poder, la necesidad imperiosa de neutralizar, por cualquier vía, todo aquello que represente un obstáculo a la buena marcha de los nobles propósitos de cambio, trátese de individuos o instituciones, que, al fin y al cabo, fueron génesis o consecuencia de nuestro abyecto pasado neoliberal.

El río está revuelto y los pescadores lanzan sus redes. El panorama ofrece más oscuros que claros y las preocupaciones se manifiestan con actitudes desafiantes y agresivas que se tornarán más virulentas conforme la fecha fatal sea inminente.

La institucionalidad y el futuro inmediato de la nación a tan sólo un mes de distancia.

Pronóstico reservado.

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