Periodista mexicana acreditada ante la sede de Naciones Unidas en Ginebra, Suiza.

Golpe de timón

En México es urgente modificar la estrategia, no desestimar el uso de pruebas, el rastreo de contactos y evitar que la gente prefiera quedarse en casa antes de pisar un hospital.

Gabriela Sotomayor

Cuando las condiciones marítimas son adversas y el barco va directo al encalladero es necesario dar un golpe de timón, un movimiento brusco y definitivo para cambiar el rumbo. Así lo han hecho varios países en su estrategia para controlar la transmisión del Covid-19. Algo que simplemente se niega a hacer el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Rectificar la estrategia utilizada hasta ahora para controlar la pandemia lo considera una derrota o un triunfo de los conservadores: "Lo que se ha hecho es lo que consideramos ha dado buenos resultados . Es muy lamentable lo sucedido y los conservadores, nuestros adversarios desde el principio quisieron utilizar la desgracia del pueblo de México por esta pandemia para culparnos . ¿Por qué cambiar? ¿Nada más porque a los que medraban, robaban, no les gustó lo que estamos haciendo o no quieren vernos en el gobierno?", dijo López Obrador.

¿Entonces los mexicanos tienen que agradecer que en lugar de 500 mil hayan sido 100 mil las muertes hasta ahora? ¿Esa es la lógica? ¿Como si cien mil muertes no fueran una verdadera tragedia, la mayoría personas atendidas en hospitales públicos?

Es necesario un análisis profundo cuando según la Organización Mundial de la Salud (OMS) México es primer lugar mundial por letalidad, cuarto lugar por muertes después de Estados Unidos, Brasil e India y décimo lugar global en muertes por cada 100 mil habitantes.

Con cien mil muertes confirmadas y unas 200 mil más por exceso de mortalidad, con un millón de casos contabilizados y un número desconocido de casos sin contar y la epidemia ascendiendo de manera irrefrenable, valdría la pena que la 4T se planteara seriamente mejorar, modificar, depurar su estrategia, algo que por ejemplo ha hecho Suecia un país que tomó decisiones diametralmente opuestas al resto de Europa.

Suecia, con 10 millones de habitantes y 50 por ciento de hogares unipersonales, que se ha concentrado en medidas voluntarias de distanciamiento físico, se caracterizó por evitar los confinamientos, y hasta ahora es el único país europeo que no aconsejaba el uso de mascarillas. Ahora el gobierno sueco ha cambiado la estrategia y las nuevas medidas entrarán en vigor el 24 de noviembre.

El primer ministro Stefan Lofven, al anunciar las nuevas medidas para contener la propagación de las infecciones exclamó: "¡Esta es la nueva norma para toda la sociedad. No vayas a gimnasios, no vayas a bibliotecas, no organices cenas. Cancela!".

En rueda de prensa con la OMS una periodista de ese país preguntó por este cambio de planes, "básicamente el final de lo que se llama la estrategia sueca": ¿Es este cambio radical un signo de un malentendido o un juicio erróneo de lo que realmente se necesitaba para detener el virus y cuán útil puede ser en esta situación con un aumento en los casos para recomendar el uso de mascarillas en Suecia, que es básicamente el único país que no las recomienda?

Mike Ryan, el encargado de emergencias de la OMS, respondió que todos los países han tenido que adaptarse a las realidades de esta ola de transmisión del virus.

"Creo que esta vez Suecia ha comenzado a implementar y pedir a su población que haga aún más en términos de adaptación de comportamiento y ha agregado algunas medidas obligatorias. El consejo de la OMS sobre el uso de mascarillas, creo, es bastante claro, las mascarillas funcionan, especialmente en entornos particulares donde no puedes mantener la distancia física, donde estás en un entorno abarrotado.

"Hay muchas situaciones en las que usar un cubrebocas es una muy buena adición a todas las otras medidas; mantener la distancia física y lavarse las manos, evitar lugares concurridos y, en particular, vincular la higiene y el lavado de manos con el uso de mascarillas", remarcó Ryan.

Por lo tanto, "aconsejamos a todos los países en situaciones de transmisión comunitaria generalizada que consideren la utilización de mascarillas en aquellos contextos específicos donde el riesgo de transmisión es alto", urgió el experto irlandés.

Agregó que en una situación así todos los países van aprendiendo sobre la marcha y "están tratando de utilizar los datos lo mejor que pueden para proteger a sus poblaciones. Estas decisiones se toman de buena fe. Se basan en evidencias y representan la opinión considerada de las personas que asesoran sobre las políticas.

"Ajustar y cambiar y cambiar esas políticas no es una debilidad; eso es una fortaleza. A veces se necesita valor para alejarse de un camino y reconocer que hay que agregar medidas adicionales. Eso no es un fracaso. Esa es una señal de que el sistema es capaz de escuchar, adaptarse y ajustarse a nuevas realidades", reconoció el experto de emergencias de la OMS celebrando al gobierno sueco por el golpe de timón.

En México es urgente modificar la estrategia, no desestimar el uso de pruebas, el rastreo de contactos y evitar que la gente prefiera quedarse en casa antes de pisar un hospital.

Especialmente, considerar la aplicación masiva de las nuevas pruebas rápidas de antígenos que puede ayudar a detectar con más velocidad en dónde se encuentran los focos rojos y que las personas de alto riesgo que sospechan el contagio puedan hacerse la prueba de laboratorio de manera gratuita y recibir los resultados en un lapso de 24 horas, como es el caso en muchos países de Europa.

En fin, es necesario hacer un análisis profundo de lo que puede funcionar mejor. Pero si el único plan para controlar la epidemia en México es esperar a que se tenga acceso a la vacuna, que si todo va viento en popa no será hasta el verano de 2021, entonces es como dejar que el barco se vaya a la deriva en medio de la tempestad y se estrelle en el acantilado con millones de personas a bordo, bajo las órdenes de un capitán inepto, engreído y sin brújula.

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