Esta semana nos encontramos con la discusión sobre si Banxico reduce la tasa de referencia en 25 puntos base (0.25 puntos porcentuales) a 6.25 por ciento este jueves o la deja sin cambio en 6.50 por ciento. Hasta el momento del envío de la presente al periódico El Financiero, las encuestas disponibles señalan que hay pocos analistas anticipando que Banxico baje la tasa, entre ellos un servidor. Históricamente cuando el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed) se encuentra en un ciclo de alza de tasas y la Junta de Gobierno del Banco de México (Banxico) no sube a la par, se le ha cuestionado y se ha categorizado como una afrenta. Ahora bien, en ese mismo tenor, que Banxico señale reducir la tasa de referencia cuando el Fed está aumentando las tasas se ve como una osadía.
Esta forma de ver a Banxico y al Fed nace de los modelos macroeconómicos de economía abierta de Mundell y Fleming, en los que existe una economía “grande” cuyo banco central tiene influencia en las tasas de interés de las economías abiertas y “pequeñas”, que se convierten parcialmente en “tomadoras de precios”, entre ellos el precio del dinero, es decir, la tasa de interés. México es una economía abierta y en el sentido de no tener gran influencia en las tasas de interés de otros países o además, ser sensible a los movimientos de las tasas de interés del Fed, se le considera “pequeña”. De esta manera, como alguna vez lo expuso el exgobernador del Banco de México, Agustín Carstens, hace algunos años: Banxico no decide sobre el nivel absoluto de la tasa de interés de referencia, sino sobre el diferencial de tasas con el Fed, que se encuentra en 250 puntos base (pb).
En este sentido, considero que hay cuatro diferencias muy relevantes entre la dinámica de la economía de México y la de los Estados Unidos: (1) México no está viviendo el ‘boom’ de inversión en los centros de cómputo para desarrollar herramientas de inteligencia artificial (AI). Si bien considero que sí hay algo de ese impulso que está haciendo crecer un poco la producción manufacturera en México, no tengo duda que la diferencia en dinamismo es muy significativa; (2) un aspecto muy relevante para la inflación en ambos países es que, a diferencia del gobierno de México que ha absorbido el fuerte incremento de los precios de los combustibles (e.g. el precio de la gasolina regular en México se ha quedado en 24 pesos por litro en promedio casi todo el año), el gobierno de EU los ha dejado “flotar” y que la población los pague en las gasolinerías, a pesar de que ha hecho esfuerzos como “liberar” reservas estratégicas de petróleo crudo para aminorar el incremento del precio de dicha materia prima; (3) el gobierno de EU está instrumentando una política fiscal expansionista, apoyada en la ‘One Big Beautiful Bill’, mientras que el gobierno de México se encuentra instrumentando una política de consolidación fiscal y (4) la postura de política monetaria de Banxico es ‘neutral’, considerando la tasa real ex ante, estimada a partir de la ‘resta’ entre la tasa nominal actual en 6.50 por ciento y las expectativas de inflación a 12 meses, que se encuentra en 4.08 por ciento, ubicándola en 2.33 por ciento, en el intervalo que el propio banco ha señalado como ‘zona neutral’ entre 1.8 y 3.6 por ciento. En contraste, la postura de política monetaria del Fed se encuentra en terreno “expansionista”, tomando en cuenta que la tasa real ex ante en Estados Unidos se encuentra alrededor de cero por ciento, claramente por debajo de la ‘zona de neutralidad’ que el propio Fed marca entre 1.0 y 1.5 por ciento.
Estas diferencias relativas están manteniendo un peso mexicano muy apreciado con respecto del dólar. No solo es el nivel que emerge de varios modelos de tipo de cambio real de equilibrio, que traducido a términos nominales, se encuentra alrededor de 20 pesos por dólar, sino que a todas luces México ya se ve “caro” relativamente a nuestro vecino país del norte y eso ya le ha costado mucho a los exportadores de diferentes industrias, incluyendo las afectadas más recientemente como la agropecuaria y el turismo. Por ese lado, ajustar la tasa de interés de manera contraria al Fed no necesariamente suena como mala idea, bajo las circunstancias que acabo de comentar de permitir un tipo de cambio más alto. No se trata de que Banxico ‘abandone’ su objetivo de inflación, ya que la inflación se encuentra bajo control en los niveles actuales y la convergencia al objetivo está prevista para el cuarto trimestre del año que entra.
Otro aspecto que considero relevante es que al menos hasta el momento, el Fed no está instrumentando un ciclo ‘tradicional’ de alza de tasas, sino solo “ajustes finos” para eliminar el “exceso” de inflación y hacer que la inflación retoma una trayectoria descendente hacia el objetivo de 2.0 por ciento del Fed.
Algunos piensan que es arriesgado que Banxico baje la tasa cuando el Fed la está subiendo porque Banxico puede “perder credibilidad” o dejar ir al tipo de cambio como “globo de helio” y no poder pararlo. Por un lado, el tipo de cambio peso-dólar se ha comportado de manera muy ordenada, inclusive mejor que otras divisas de mercados emergentes. Por otro lado, considero que la credibilidad del banco central permanece intacta. La Junta ha demostrado en múltiples ocasiones que está dispuesta a endurecer nuevamente la política monetaria cuando las circunstancias así lo requieren.
* El autor es Economista en Jefe para Latinoamérica del banco Barclays, miembro del Consejo Asesor del Sector Financiero del Fed de Dallas y del Comité de Fechado de Ciclos de la Economía de México.
* Las opiniones que se expresan en esta columna son a título personal.