A finales del mes pasado, el INEGI publicó su “estimación preliminar” del PIB para el primer trimestre del año. La actividad económica registró una caída trimestral de 0.8 por ciento en los primeros tres meses del año, por debajo de la estimación de consenso de -0.6 por ciento. Como se trata de una estimación de lado de la oferta agregada, la caída trimestral se debió principalmente a menores niveles en los tres grandes sectores: Una disminución trimestral de 1.4 por ciento en el sector agropecuario, una baja de 1.1 por ciento en la producción industrial (ya reflejada en los reportes mensuales), y una contracción de 0.6 por ciento en los servicios.
Este reporte sugiere que la actividad económica en México creció a un ritmo inferior durante el primer trimestre de este año, comparado con cualquier trimestre en 2025. No obstante lo anterior, considero que hay dos factores que no respaldan una narrativa más amplia de desaceleración económica. Primero, el operativo de seguridad para desmantelar el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) causó una interrupción significativa en la actividad económica. Segundo, el modelo de ajuste estacional está poniendo la vara demasiado alta para que la serie del PIB muestre crecimiento, dada la volatilidad en los datos de comercio exterior.
El operativo contra “El Mencho” afectó severamente la actividad económica. Entre las consecuencias de la caída de Nemesio Oseguera, alias “El Mencho”, hubo 252 bloqueos carreteros relacionados con el cártel en 22 estados, ataques incendiarios a 81 tiendas Oxxo, agresiones a 51 sucursales del Banco del Bienestar, cierre de escuelas en siete estados y suspensión de rutas de autobuses hacia el sur y el Bajío (como bien lo describió Enrique Quintana en “Lo que está atrás del dato del IGAE”, 27 de abril). Si bien el impacto fue indudablemente relevante, lo considero un choque aislado, poco probable que se convierta en un lastre persistente para la actividad en el futuro.
La vara está demasiado alta para mostrar crecimiento. He observado que la fuerte volatilidad en los patrones de comercio internacional durante el último año —impulsada tanto por las políticas arancelarias del presidente Trump como por medidas implementadas por el propio gobierno mexicano, especialmente la imposición de aranceles a importaciones de países sin acuerdos comerciales— ha distorsionado los modelos de ajuste estacional. En este caso, el notable aumento de importaciones desde China en el último trimestre del año pasado, ya que las empresas adelantaron compras para evitar los aranceles impuestos en enero de 2026, implicó un crecimiento anormalmente alto en servicios relacionados con el transporte, entre otras actividades, elevando el punto de referencia para que la serie del PIB marque crecimiento más allá de lo habitual.
Como resultado, similar a lo que ocurrió el año pasado con los datos del PIB en el T3 —que originalmente se publicaron como crecimiento negativo y luego fueron revisados al alza hasta +0.1 por ciento—, considero altamente probable que futuras revisiones ajusten la cifra de crecimiento trimestral reportada, posiblemente hacia cero o incluso a un pequeño dato positivo (“Reflexiones sobre el crecimiento de nuestro país”, 17 de febrero). Reconozco que el INEGI hace una labor ejemplar cuando lleva a cabo el ajuste estacional de las series, siguiendo los cánones académicos más rigurosos, así como de los manuales prácticos de los institutos estadísticos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y del Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin embargo, este tipo de dinámica de las series son cosas que se escapan de la metodología y que termina corrigiéndose con el tiempo (instrumentando algún “cambio de nivel” o identificando datos atípicos).
Los motores de crecimiento siguen intactos. Si bien el dato de PIB se percibe débil, identifico que los factores subyacentes son de una sola vez y estadísticos, más que señales de un deterioro significativo en la tendencia económica. Desde mi perspectiva, sigo convencido de que los tres motores principales del crecimiento permanecen intactos. Primero, se espera que la expansión robusta de Estados Unidos continúe, con el equipo económico de Barclays proyectando que el PIB estadounidense avance 2.4 por ciento este año. Segundo, estamos presenciando un resurgimiento en la manufactura global; por ejemplo, la producción industrial de EU registró un aumento anual de 1.2 por ciento en 2025, y anticipamos una aceleración adicional hasta 2.0 por ciento en 2026. Tercero, el hecho de que 2026 no sea el primer año de una nueva administración en México permitirá mantener la dinámica de crecimiento, ya que usualmente las transiciones gubernamentales frenan el impulso económico.
Sin embargo, los números actuales ya no cuadran para un crecimiento mayor a 1.5 por ciento. Si bien considero que la actividad económica en México estará en mejor forma este año comparado con el anterior y anticipo cifras trimestrales de crecimiento mayores en los siguientes periodos, el dato del primer trimestre de este año ya no respalda mi pronóstico de crecimiento de 1.7 por ciento para 2026. Dado que el primer trimestre del año tiene mayor peso en los cálculos de la tasa anual, reviso significativamente mi estimación para todo el año, llevándola a 1.2 por ciento. Aún así, mi pronóstico sugiere que la economía mexicana crecerá al doble del ritmo que en 2025. Veremos si hay algún cambio en la “estimación tradicional” del PIB que el INEGI publicará este viernes 22 de mayo, pero considero más factible que sea en la publicación del PIB en el segundo o tercer trimestre que podríamos ver una modificación importante al alza en el crecimiento observado durante el primer trimestre.